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miércoles, 9 de agosto de 2017

El Túnel del Tiempo de la Filatelia: La Sociedad Filatélica Dominicana (Parte II)

#187
15 de Octubre del 1983
Por Danilo Mueses
Pág. 23

Ya señalábamos la semana pasada que la primera sociedad filatélica de la República Dominicana fue fundada en 185. Desafortunadamente esa sociedad tuvo una corta vida y posiblemente el movimiento filatélico en el país no era lo suficientemente poderoso para soportar una sociedad.

Desde entonces, aunque siempre hubo un grupo de entusiastas coleccionistas, no fue hasta el 18 de abril de 1955 cuando un grupo formado por algunos de los más importantes coleccionistas dominicanos inspirados por la experiencia y el entusiasmo del doctor Luis F. Thomen y el ingeniero Enrique Alfau, dos de los más destacados filatelistas que ha producido el país, fundaron en los salones del Instituto Cultural Dominico Americano, la Sociedad Filatélica Dominicana.

Aunque en sus más de 28 años de existencia la Sociedad ha tenido sus períodos de crisis, a partir del 1977 cuando fue reorganizada, ha estado viviendo su período de mayor esplendor y hoy en día aglutina en su seno a los más destacados filatelistas del país y cuenta con socios en toda América y Europa.

La sociedad Filatélica Dominicana dispone de su propio local que nos fuera donado por el Banco Central de la República Dominicana y está situado en La Casa de La Moneda, arzobispo Meriño No, 358. Es una asociación sin fines de Lucro, incorporada en virtud de un decreto del Poder Ejecutivo, lo cual le da personería jurídica.

Invitamos por este medio a todos nuestros lectores a inscribirse en la Sociedad Filatélica Dominicana y disfrutar de sus múltiples ventajas que incluyen:

Carnet: Cada socio se le entrega un hermoso carnet que le acredita como miembro de la sociedad. Esta credencial de seguro le abrirá muchas puertas dentro del ambiente filatélico y es ostentado con orgullo por nuestros socios.

Revista: La sociedad edita bimestralmente su revista EL FILOTELICO, la cual se considera una de las mejores revistas filatélicas en todo el ámbito latinoamericano, habiendo obtenido importantes premios en certámenes internacionales.

Subasta: La sociedad celebra regularmente interesantes subastas a través de las cuales los socios tienen la oportunidad de adquirir sellos que generalmente no es posible adquirir en el mercado local y podrán además disponer de sus duplicados.

Biblioteca: En el local se cuenta con una importante biblioteca a la cual van engrosando regularmente nuevos libros. Allí podrá encontrar, además, catálogos, revistas y periódicos filatélicos.

Exposiciones: la sociedad celebra periódicamente exposiciones y muestras en el país y ha auspiciado la participación de coleccionistas nacionales en exposiciones internacionales en las cuales han conquistado importantes premios.

¿Desea usted pertenecer a la S.F.D.?

La S.F.D. ha editado un folleto titulado: “Usted u la Sociedad Filatélica Dominicana. Este folleto, conjuntamente con una hoja de inscripción, se enviará gratis a todo el que lo solicite por carta a la Sociedad Filatélica Dominicana. Apartado 1930.

miércoles, 2 de agosto de 2017

EL Túnel del tiempo de la Filatelia: La Sociedad Filatélica Dominicana (Parte I)

#186
8 de Octubre de 1983
El Caribe
Pos Danilo Mueses
Pag 23


El hombre es un ser gregario y de ahí que desde las épocas más primigenias hayan florecido sociedades de todo tipo en las cuales personas de muy diferentes actividades, edades, orígenes, formación, etc. Pero con un interés común se reúnen para participar y disfrutar de esa razón común.

Las sociedades filatélicas, se puede decir que nacieron con el coleccionismo de sellos. No todos los autores están de acuerdo sobre cuál fue la primera sociedad filatélica pues mientras Cativiela señala que en 1864 Herpin y Legand fundaron “Societé Philatelique de Paris”, J. Mackay dice que la primera sociedad filatélica fue “The Philatelic Society” que fura fundada el 10 de abril de 1869 por Sir Daniel Cooper. The Philatelic Society se convirtió luego, en 1906, en The Royal Philatelic Society.
En nuestro país, en 1885 se fundó la Sociedad Filotélica de Santo Domingo, siendo por tanto esa nuestra primera sociedad filatélica. En ese sentido puede señalarse que nuestro país se adelantó a muchos países hispanoamericanos y aun nos adelantamos a España cuya primera sociedad filatélica no fue fundada hasta 1888 en Barcelona.

Cabe señalar, sin embargo, que ya para fines del pasado siglo, en la mayoría de los países latinoamericanos se había desarrollado un movimiento filatélico poderoso que estaba organizado alrededor de sociedades filatélicas.
Aunque reconocemos que la filatelia (y ya de eso hemos hablado a través de esta misma columna) no es una actividad social pues no se hace filatelia en reuniones de clubes, pertenecer a una sociedad filatélica es algo fundamental.

Es evidente que no todos los filatelistas inscritos en una sociedad derivaran los mismos beneficios. El principal tendrá la oportunidad de canjear sus duplicados ya sea directamente o a través de anuncios publicados en las revistas de las sociedades, valiosas sugerencias sobre catálogos, álbumes, como orientar su colección, etc.; el intermedio podrá participar en las subastas, podrá consultar en la biblioteca de la sociedad y el avanzado se beneficiara del consejo experto de coleccionistas aún más avanzados que él, expertizaje, y lo que a veces es más importante: donde adquirir esa pieza rara que por tanto tiempo hemos estado buscando.

Y a propósito de esa información, en nuestro quehacer como miembros de la Sociedad Filatélica Dominicana, decenas de coleccionistas miembros de la Sociedad han conseguido sellos raros, gracias a información que les hemos proporcionado, pero por nuestra parte también hemos conseguido una serie de piezas que de no haber sido miembros de la Sociedad, difícilmente hubiéramos podido saber de ellas.

Pero, finalmente, si usted ya llego a la cima, donde no requiere de sellos ni de consejos, en una Sociedad tendrá la oportunidad de ayudar a otros que comienzan, a dar sus primeros pasos sin tener que dar los tropezones que usted dió.


Las sociedades filatélicas en última instancia, proveen un amplio canal para el intercambio de información y para hacer amigos; amigos con los cuales se puede contar tanto en nuestro quehacer de filatelistas como en la vida diaria. Estas amistades por si solas justifican plenamente nuestra participación en las sociedades filatélicas.

lunes, 9 de enero de 2012

Discurso de la Puesta en Circulacion del Libro: "Correo y Filatelia en la República Dominicana en el Siglo XIX"


El año pasado, durante la puesta en circulación de la obra Tarifas Postales Dominicanas 1851-2009, resultado del trabajo del Lic. Juan Manuel Prida y de quien les habla, tuve a mi cargo la presentación de la obra bajo el entendido de que, cuando se hiciera la presentación del libro de Buenos Aires, que estaba programada para el mes siguiente, quien hablaría sería Prida.

Al llegar a Buenos Aires, al Lic. Prida se le asentó el pájaro verde, la expresión que usaba mi abuelo para decir que alguien se había acobardado y de nuevo debí ser yo quien hablara, una persona que no se caracteriza por sus dotes como orador.

Hace algo más de dos semanas, en una reunión que sostuvimos el amigo Prida, el Sr. Alonso y yo con el Dr. Moya Pons para definir el protocolo de la puesta en circulación de este libro, Prida de nuevo se extrañó, la expresión que usan los galleros cuando al llegar a la gallera el gallo se niega a pelear y sale huyendo. Esto, a pesar de que en Buenos Aires me había prometido que la próxima vez sería él.


Aunque este es el libro # 11 que publico, nunca ha estado demasiado claro que debe decir el autor en la presentación de su obra. Debería ser algo tan sencillo como: Señores, escribí este libro, espero que lo compren y confío en que lo leerán.


A falta de unos lineamientos claros sobre el tema, voy a hablarles un poco sobre lo que han sido los esfuerzos para escribir sobre nuestras emisiones.


El primer trabajo serio sobre nuestras emisiones lo escribió Charles J. Phillips en 1905 en una serie de artículos que publicara en el Stanley Gibbons Monthly Journal. Es un trabajo de gran profundidad pero en él, Phillips se queja de que no había podido conseguir en el país información alguna sobre nuestras emisiones y señalaba que la poca que existía se había perdido.


40 años más tarde, en 1945/46, el Dr. Clarence Hennan, un distinguido médico de Chicago propietario de una de las mejores colecciones de la República Dominicana que se habían formado hasta la fecha, escribió otro brillante trabajo sobre nuestras emisiones del siglo XIX. En su obra, Hennan, al igual que Phillips, se quejaba de que no había conseguido ninguna información en el país. Lo único que pudo conseguir fue un suplemento que publicó Genaro Martínez como parte de su Revista Postal que comenzó a publicar en 1933. Genaro, un inmigrante español, cuando no conseguía la información se la inventaba. Así por ejemplo, cuando habla de nuestros primeros sellos, dice que en una reunión que se convocó para decidir la viñeta de nuestros primeros sellos, José M. Bonetti se presentó con un escudo en madera que había tallado. Los convocados aprobaron usar el escudo como modelo y se encargó a los Estados Unidos la confección del clisé y que los sellos se emitieron el 12 de enero de 1866. Desconocemos el origen del escudo en cuestión, pero éste se había estado usando en un papel moneda desde agosto de 1865 según podemos ver en unos billetes de banco que muestra el amigo Isaac Rudman en su obra sobre el papel moneda dominicano y se sabe, positivamente, que los sellos se emitieron en octubre del año anterior.


Pues bien, el trabajo del Dr. Hennan es brillante, pero cuando toca el tema de los datos técnicos sobre nuestras emisiones, incluye todos los disparates de Genaro (Prida me corrigió y dice que fueron dislates y no quise seguir discutiendo con él sobre semántica).


El tercer intento de un trabajo serio sobre nuestras emisiones es de Oscar Ravelo. Este publicó en 1944 El Correo en Santo Domingo donde cubre todo lo relacionado con el correo desde el descubrimiento hasta 1865, fundamentalmente lo que los filatelistas llamamos nuestra prefilatelia. Ravelo, quien trabajó durante muchos años en el Archivo General de la Nación hizo un buen trabajo. En lo relacionado con nuestras emisiones, esa parte estaba prevista ser cubierta en el segundo tomo que abarcaría desde 1865 hasta 1944.


Ravelo redactó ese segundo tomo y según me informó (trabajamos juntos en el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos), le dio el borrador del libro al Dr. Thomén para que se lo corrigiera en la parte filatélica pues Ravelo no era filatelista, ni siquiera coleccionista de sellos. Thomén murió más de 20 años más tarde sin revisarle el trabajo y el borrador quedó entre sus papeles. Estos fueron comprados a su viuda por el Sr. Guillermo Asmar y tuve la oportunidad de ver el borrador en casa de Asmar. Éste le vendió los papeles de Thomén al Lic. José Luis Abraham pero cuando hicimos contacto con Abraham para tratar de conseguir el borrador, no pudo localizarlo. Todo parece indicar que Asmar se quedó con el borrador. No se mucho sobre su contenido pues apenas lo hojeé.


El Dr. Thomén tenía en mente escribir un libro sobre nuestras emisiones. Fue uno de nuestros más brillantes filatelistas. Desde su posición como embajador en Londres y Washington se dedicó a comprar en los mercados de pulgas cuanto libro de filatelia encontraba, especialmente revistas, llegando a formar la mejor biblioteca filatélica que ha habido en el país. El Dr. Thomén murió y no llegó a escribir el libro.


La biblioteca Thomén quedó en la oficina del Ing. Enrique J. Alfau, otro distinguido filatelista. Alfau tenía la intención de escribir el libro que no había escrito Thomén, con base a la biblioteca de éste, y me encargó de revisar todo lo que allí había y prepararle las fichas. Durante más de un año iba todos los sábados a la oficina de Alfau y me llevaba a la casa una caja de libros y sacaba de ellos todas las informaciones que encontraba sobre nuestras emisiones. Le entregué el trabajo a Alfau pero tuve la precaución de quedarme con una copia de las fichas.


El Ing. Alfau murió y nunca llegó a escribir el libro. Las notas que tomé las usé en 1999 para mi obra Emisiones Postales Dominicanas 1865-1965 y en 2001 en la obra República Dominicana: Los Sellos Clásicos.


Hace dos años me dispuse a montar mi colección dominicana incluyendo en ella cubiertas. Cuando se incluyen cubiertas en una colección, las que la convierten en una colección de historia postal, se debe tener conocimiento de las tarifas postales y no conocía las diferentes tarifas que se han usado en nuestro país. Pensé que la tarea sería fácil pues todo se limitaría a revisar la colección de leyes. El colega de la Sociedad Dr. Cristian Pimentel puso a mi disposición su colección de leyes. Al revisarla pude constatar que había muchas disposiciones en materia postal que no estaban en la colección y allí fue donde se incorporó al proyecto el Lic. Prida. Este se sumergió en el Archivo General de la Nación y logró localizar toda la información faltante y fruto de ese trabajo conjunto fue nuestra obra sobre las tarifas de la que les hablé al principio.


En su revisión de legajos en el Archivo, Prida encontró una cantidad enorme de información sobre el correo y fue en ese momento que surgió la idea de este libro. La labor se hizo más fácil por las facilidades que ofrece el Archivo desde que está al frente el Lic. Roberto Cassá. Gracias a su gestión el archivo ha dejado de ser un depósito de papeles para convertirse en un verdadero centro de investigación histórica.


Como parte de la redacción de la obra nos propusimos cubrir, además de la parte filatélica, la parte correspondiente al correo, una parte de nuestra historia que ha sido ignorada por nuestros historiadores. Dice el Dr. Moya Pons, en su obra La Otra Historia Dominicana:


“A mi me gustaría ver en los próximos años libros frescos de historia dominicana, con enfoques cuantitativos, que estudien la evolución de la política económica de los gobiernos, las relaciones exteriores, los sistemas agrícolas, el campesinado, el comercio, los sectores laborales, los procesos de urbanización, los ferrocarriles, el impacto de las carreteras, la moderna industria azucarera, la introducción de nuevos cultivos comerciales, la demografía, los partidos políticos, las clases medias, las élites, la evolución de la cultura, los nuevos movimientos religiosos, las fuerzas armadas, el Estado, las migraciones, la mujer, las ideas, las empresas, la educación, la reforma agraria, la política agropecuaria, la vida local, en fin, todo lo que hasta ahora ha estado ausente de los libros de nuestros historiadores”.


Pues bien, aunque no pretendemos que en lo atinente al correo hayamos respondido a las inquietudes del Dr. Moya Pons, en el libro que hoy presentamos estudiamos, además de todo lo relacionado con nuestras emisiones, una enorme cantidad de informaciones hasta la fecha desconocidas sobre el correo en el siglo 19. Todos los que hasta la fecha han escrito sobre nuestras emisiones, y entre estos me incluyo, lo han hecho con base a la información publicada en las revistas editadas en el exterior. En esta obra, por primera vez, se usa información primaria obtenida directamente del Archivo General de la Nación.


El libro sobre el correo y sobre nuestras emisiones que trataron de escribir Phillips, el Dr. Hennan, el Dr. Thomén, el Ing. Alfau y hasta yo me incluyo y que no se había podido escribir dada la falta de los datos que hoy están a nuestra disposición gracias a las facilidades que ofrece el Archivo General de la Nación, es el resultado de más de dos años de investigaciones durante los cuales se revisaron centenares de legajos. El Lic. Prida tomó más de 20,000 fotos de documentos relacionados con el correo y nuestras emisiones postales.


Se cumple una vez más, por tanto lo planteado por Calderón de la Barca en su drama Hijos del Sol cuando dice que:


Los casos dificultosos
 
Y con razón envidiados
Empiésanlos los osados

Y acábanlos los dichosos

 

Al poner en circulación esta obra queremos dar las gracias, en primer lugar a nuestro anfitrión el Dr. Moya Pons por habernos abierto las puertas de esta augusta academia.
En cuanto a la obra en sí agradecemos a:

  • Dr. Roberto Cassá por las facilidades ofrecidas por el Archivo a lo largo de más de dos años.
  • Al Lic. Osvaldo Giordano, Presidente de la ACFA por su hermoso prólogo.
  • En la parte financiera, a los Sres. Isaac Rudman, Lic. Fernando Báez y el amigo Richard Zaremba de Canadá. A estos amigos, nunca les pasa como a un amigo que tengo que a la hora de pagar la cuenta, nunca logra desabotonar el bolsillo donde tiene a cartera.
  • A los mismos amigos Rudman, Báez y Zaremba, al hermano Manolo Pappaterra quienes pusieron a mi disposición sus colecciones.
  • La hermosa portada, como siempre, es obra de mi hijo Guillermo Mueses.
  • Eduardo Mueses, otro hijo y Guillermo Emilio Molina, un nieto, lograron rescatar una serie de matasellos borrosos que localizamos en el Archivo y se ofrecen como primicia en la obra.
  • El hermoso y esmerado trabajo de diagramación fue hecho por el Arq. Giuseppe Di Vanna quien, aunque vive en EU, nos había prometido estar con nosotros. Lamentablemente, compromisos de última hora se lo impidieron.
  • La hermosa impresión fue hecha en los Estados Unidos. Aunque nos da pena decirlo, conseguimos que el libro fuera impreso por una fracción del precio que nos cotizaron en el país y nos entregaron el trabajo en apenas una semana.
  • Y finalmente, agradecemos a los señores académicos, al personal del INPOSDOM, a los colegas de la SFD y a los familiares y amigos que en un acto de solidaridad vinieron a acompañarnos en este momento tan importante tanto para el Lic. Prida como para mi.   
Gracias de todo corazón.             

martes, 19 de abril de 2011

El Tunel del Tiempo: Origen del Coleccionismo de Sellos

Publicado en el Periódico EL Caribe, el 08 de marzo del 1980, Pag 31

La Filatelia al Día.

Por Danilo Mueses

Origen del coleccionismo de Sellos

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el coleccionismo de sellos nació con la emisión de los primeros sellos. Se ha señalado que el doctor John E. Gary, oficial del Museo Británico fue el primer coleccionista de sellos pues inició su colección en 1840, poco después de emitirse el primer sello.

La pasión por coleccionar sellos se apoderó del gran público, especialmente de las mujeres hasta un extremo tal ya en 1842 el Punch hacia el comentario siguiente: “Una nueva manía de ha apoderado de las industrialmente ociosas damas de Inglaterra. Trabajando como para obtener un abundante salario, han sido infatigables en sus empeños para coleccionar estampillas viejas de a penique, en realidad, de verdad, demuestran tener mas afán por coleccionar cabezas de reina que Enrique VIII en deshacerse de ellas”

La aficcion no tardo en difundirse por todo el mundo y ya para 1852 estaba lo suficientemente difundida como para justificar que algunas personas se dedicaran al comercio de sellos.

El resto ya es historia. La filatelia conocida como “el rey de los pasatiempo y el pasatiempo de los reyes” pues grandes personalidades como el presidente Fraklyn D. Roosevelt y el rey Jorge V de Inglaterra, seguidos por millones de aficionados por todo el mundo han hecho del coleccionismo de sellos su pasatiempo favorito.

Sociedades Filatélicas

El número de aficionados por todo el mundo creció un número tal que pronto surgieron por todas partes sociedades filatélicas que canalizaron el interés de los coleccionistas. Ya en 1865 fue fundada en Francia la Societé Philatelique. Otras sociedades se fundaron en los años siguientes en casi todos los países.

En nuestro país la primera sociedad filatélica fue fundada en 1885 y se denominaba la Sociedad filatélica de Santo Domingo. Su presidente era Amadeo Rodríguez y tenia cuando se fundó 13 miembros. Esto es índice del auge que había alcanzado la filatelia en Republica Dominicana en el siglo pasado.

Actualmente los filatelistas dominicanos están agrupados alrededor de la Sociedad Filatélica Dominicana. Esta sociedad fue fundad en 1955 y ha hecho una labor positivísima a favor de la filatelia Dominicana.

La sociedad publica una revista bimestralmente llamada el filotelico honrando la primera revista filatélica Dominicana publicada por la sociedad Filotelica de Santo Domingo.

La Sociedad Filatélica Dominicana ha editado un folleto titulado “usted y la Sociedad Filatélica Dominicana” donde se señalan los objetivos de la sociedad y las ventajas de asociarse a ella. El folleto se envía gratuitamente a todos los que la soliciten.