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domingo, 7 de agosto de 2016

El túnel del tiempo de la Filatelia: Cuídese de las Falsificaciones

#153
La filatelia al día
Por Danilo Mueses
El Caribe, 19 de febrero de 1983, pág. 23


Muy al comienzo de mi carrera como coleccionista serio (Había estado coleccionando desde los trece años) mostraba orgulloso la primera página de mi álbum de la república Dominicana a un coleccionista avanzado, Allí tenia adquiridos después de muchos sacrificios, muchos de los ellos clásicos de nuestro país. Mi ego sin embargo, no tardo en desinflarse como un globo atravesado por un alfiler cuando el colega me demostró que la mayoría de esos sellos que con tanto orgullo mostraba no eran más que burdas falsificaciones.

Así es como se aprende, los tropezones hacen levantar los pies dice el antiguo refrán, así que me dediqué a estudiar u a la lenta tarea de aprender ya que me dije: No me volverán a timar.

Cuando se comienza a coleccionar sellos ( al estilo en que comienza la mayoría, es decir con sellos comunes y corrientes de bajo precio) no hay muchas probabilidades de que uno se tropiece con una falsificación. Sin embargo, a medida que se avanzan y nos vamos metiendo en sellos cada vez más costosos, las posibilidades de que nos tropecemos con una falsificación son mayores. De ahí que debamos tener cuidado al adquirir  cualquier pieza de alto valor que son las que con más frecuencia son falsificadas.

Ahora , esto no significa necesariamente que los sellos de bajo precio no sean falsificados. Un ejemplo de ello lo tenemos en unos sellos emitidos en nuestro país en 1981 y que muestra un mapa de la isla de santo domingo. Aunque el valor de cátalo de la serie completa, la cual consta de nueve valores, es de apenas unos 17$ y podría ser adquirida en algunos comercios hace unos años por unos dos pesos, existen no una sino dos falsificaciones.

Hay pocos aspectos del coleccionismo que hayan sido estudiados con mayor profundidad que el asunto de las falsificaciones, por lo cual cuando tengamos la intensión de comprar un sello cuyo precio sea digamos de $25 en adelante, sería prudente investigar con alguien de más experiencia que uno, si de ese sello se conocen falsificaciones. Hemos fijado esa suma en forma más bien arbitraria pues, aunque como señalamos más arriba existen sellos baratos que han sido falsificados, si un sello por el cual hemos pagado 2$ resulta falso, es posible que nos duela la cabeza un poco; pero si hemos pagado $100 y luego descubrimos que era falso, el dolor de cabeza se convertirá en una verdadera jaqueca y más si no tenemos a quien reclamar.


Afortunadamente de los sellos de nuestro país no existen demasiadas falsificaciones, especialmente si lo comparamos con otros países. Por ejemplo, recientemente leímos un artículo sobre los sellos falsos y como detectarlos escrito por al Dr Werne M. Bohne, quien señalaba que su colección de sellos Falsos de Alemania estaba constituida, asómbrense ustedes, ¡de 30 volúmenes!. Asi que solo me resta establecer una última advertencia: ¡CUIDENSE DE LAS FALSIFICACIONES

miércoles, 18 de marzo de 2015

EL Túnel del Tiempo de la Filatelia: Forgeries, Counterfeits Fakes (Parte II)

La Filatelia al Día
13 De marzo de 1982. No 107
Por Danilo A. Mueses


Un sellos es una pieza en general pequeña y los coleccionistas están entre los  “hobbistas” más escrutadores. Al que se dedica a estudiar las aves o colecciona pinturas disfruta pasatiempo despreocupadamente. El coleccionista de sellos en cambio, no, porque crea que el sello recién adquirido sea falso, tan pronto lo recibe lo escudriña con una lupa observa su más mínimo detalles y es natural que el falsificador haya comenzado a temerle y haya orientado sus actividades hacia otro tipo  de falsificaciones, mucho más fáciles de detectar y son las que en inglés se denominan “fakes”.

Un “fakes” es un sello legítimo que ha sido alterado para convertirlo en un sello más valioso. La operación puede ser a veces extremadamente fácil de hacer, pero por el contrario, extremadamente difícil de detectar. Veamos algunos ejemplos de “fakes” que los españoles llaman “trucaje”, aunque el término no ha “prendido” mucho por estas latitudes.

En 1902 se emitió en nuestro país una serie de 4 sellos (2, 5,10 y 20) para la correspondencia oficial. Los sellos llevaban en su viñeta la Puerta del Conde. En 1904, habiéndose agotado las emisiones corrientemente en uso, el Gobierno se vio precisado a habilitar  los sellos oficiales emitidos dos años antes para su uso en la correspondencia. Los sellos de 5 centavos de sobre imprimieron en rojo con la inscripción “16 de Agosto" y “1904” en dos líneas y a los tres restantes se les puso la misma inscripción pero en negro.

Pues bien, al parecer, una hoja de los sellos de 5 centavos se coló accidentalmente entre los que recibieron la sobreimpresión en negro lo cual dio origen a uno de los sellos más escasos de nuestro país pues posiblemente no pasaron de 100 los sellos con la sobreimpresión equivocada. En consecuencias, su cotización en el catálogo Scott de 1982 es de $600 pero es más escaso de lo que su precio podría indicar.

Aunque los sellos originales fueron impresos por el Hamilton Bank de New York, la sobreimpresión se hizo locamente en la imprenta de los Hno. García. Para ello se usaban tipos comerciales comunes y corrientes, de los utilizados en los trabajos cotidianos, y allí radican la facilidad con que los pueden falsificar y, de hecho, han sido falsificado estos sellos.

Los tipos de imprenta usados por la imprenta de los Hnos. García en esa sobre-impresión fueron, tal como hemos señalado, (tipos comerciales que aún hoy día pueden encontrarse en muchas viejas imprenta. Los tipos. “Romanos No.12” que pueden encontrarse en dos imprentas son iguales como dos gotas de agua; por lo tanto todo lo que hace un falsificador es preparar sus tipos y comenzar a hacer pruebas hasta conseguir un tono exactamente igual al original y esto le es fácil pues puede tomar como referencia los otros valores de la emisión cuyo valor en catálogo es de apenas unos pesos.

El experto que debe dictaminar sobre la legitimidad de estos sellos se encuentra casi sin arma pues ya, el único punto que le queda es la tinta. Sólo en el caso de que logre demostrar que la tinta usada es diferente podría demostrar que el sello es falso.

Los sellos sobreimpresos, que en general fueron habilitados mediante tipos de imprenta comunes, constituyen actualmente  el grueso del material  que debe ser expertizado. Hay emisiones tan amplias y expertamente falsificadas que ni aún los mejores expertos se atreven a dictaminar sobre ellas. Tal es el caso de la denominación “emisión Puerto Príncipe” en Cuba en 1898 por la Administración Norteamericana, sobreimprimiendo sellos de la Colonia.

Hay otras emisiones que por haber sido falsificadas, queda desacreditadas por el resto de sus vidas pues el público la mira con suspicacia. Tal es el caso de los sellos emitidos por nuestro país en 1930, sobrecargando con “CORREO AEREO” dos sellos oficiales de 10 y 20 centavos que habían sido emitidos dos años antes. Aunque la emisión fue de apenas 1,500 sellos de cada uno de los valores, durante más de 15 años su cotización en el catálogo Scott ha permanecido en 15 y no se espera que suban pues todo el mundo los mira con recelo

miércoles, 11 de marzo de 2015

El Túnel del Tiempo de la Filatelia: Forgérie, counterfeits y fakes (parte I).

La Filatelia al Día
Numero 106
Por Danilo A. Mueses

En español hablamos de sellos falsos y de falsificación y con el término denominamos a cualquier  material con que se trata de engañar a un coleccionista incauto  o sin experiencia, que la mayoría de los casos vienen a ser la misma persona.

Hay sin embargo variantes de tales actos delictivos que en el inglés, un idioma mucho más rico que el español, pero que nosotros debemos expresar con frases más o menos largas, o usar el anglicismo que es para muchos el camino más fácil.

En inglés las palabras “FORGERY” y "counterfeit” han sido usadas por muchos largos años como sinónimos. Sin embargo ha surgiendo una corriente de filólogos que se han empeñado en establecer diferencias. Ha sido dentro de esta vertiente que muchos han comenzado a llamar “counterfeit” a un sello producido para defraudar al fisco haciéndolo pasar como legitimo a través del sistema postal. El sistema estuvo muy en boga en España durante todo el siglo pasado y obligó  a las autoridades postales españolas a tomar toda una serie de medidas que incluyeron locuras como aquel famoso matasello de pinceladas que comentáramos atrás. Finalmente a las autoridades del correo no les quedó otro recurso que mandar a preparar los sellos a Inglaterra donde la Bradbury, Wilkinson & Co. de Londres preparó un fino diseño en grabado con la efigie de Alfonso XII (hasta entonces todos los sellos españoles habían sido litografiados) que acabó con la dolosa práctica.

Los sellos falsificados para defraudar al fisco (o falsos postales como se les suele llamar a veces) son como es natural sellos en circulación y debemos aclarar que la práctica actualmente no es muy común.

El término “forgery” está reservado para aquellos sellos que se falsifican para de fraudar a los coleccionistas. Esto era práctica común, que ya en 1869 la naciente prensa filatélica de aquellos días comenzó a insertar regularmente artículos denunciando tal engaño y dando sabios consejos sobre cómo detectar las falsificaciones.

En aquellos tiempos las normas éticas no eran tan rígidas como en la actualidad y se cuenta de que cuando un cliente se quejó a la Tríumph Stamp  Co. de Penssylvania de que los sellos le habían enviado eran falsificaciones burdas, la compañía le contestó con el mayor desparpajo: “No podemos garantizar que todos nuestros sellos sean legítimo. Nosotros compramos muchos de ellos a otros comerciantes norteamericanos y los pagamos como legítimos. Si no lo son, no puede culpársenos, toda vez que no pretendemos ser peritos en la materia”.

La práctica de falsificar sellos siguió en boga durante casi un siglo y alcanzó su más alto exponente en Jean de Sperati, a quien se considera como el más grande falsificador de sellos de todos los tiempos. Las falsificación de sellos sin embargo no es tarea fácil pues los sellos, y especialmente las piezas valiosas, que son los sellos que con más frecuencia se falsifican son sometidos por los coleccionistas a un constante y minucioso escrutinio que pone de manifiesto cualquier diferencia por mínima que sea.  Hay por otro lado numerosas organizaciones como la American Philatelic Society y la Philatelic Foundation entre otras que cuentan con sus comités de expertos , quienes por una suma módica, certifican la legitimidad o falsedad de cualquier sello.

También hya mucha literatura de referencia y equipos como la lámpara de rayos ultravioletas que han vendido a constituir herramientas valiosas ya a la disposición de cualquier estudio. Esto ha hecho que el falsificador se haya dedicado casi exclusivamente a la producción de lo que en inglés se denomina “fake”. De eso sin embargo, les hablaremos la próxima semana..


jueves, 21 de febrero de 2013

Tunel del Tiempo de La Filatelia: Bogus: Un sello para engañar


La Filatelia al Día
21 de Febrero 1981   No. 53
Por Danilo A. Mueses
Bogus : Un sello para engañar

Muchas veces los coleccionistas noveles se encuentran con un sello que por más  que lo buscan en el catálogo no logran averiguar el país que lo  emitió  y en  caso de que logre determinar a qué país pertenece no consigue encontrarlo en la parte del catálogo  correspondiente  a ese país.

Es posible que en ese caso el coleccionista se encuentre frente  a lo que los filatelista  llaman un bogus .
En español se  suele usar  la palabra bogus por no existir en nuestro idioma  una palabra equivalente. Los diccionarios inglés-español dicen: “bogus: falso, espurio”. El asunto es que un bogus no es un sello falso, ni espurio sino más bien podríamos definirlo como un sello  que  puede haber sido atribuido  a un país real o imaginario y que ha sido producido por una persona o entidad no oficial, con el único propósito de defraudar a los coleccionistas de sellos.

Casi desde el inicio del coleccionismo de sellos, se comenzaron a emitir sellos bogus. Los  primeros  de ellos fueron producidos para satisfacer la demanda creciente de sellos de países  que empezaban a emitir sellos. Así  por ejemplo, uno  de los primeros bogus  que apareció  en el  mundo fue el producido por la famosa banda de falsificadores conocida como “la pandilla  de Boston”, la cual  emitió un sello de dos reales como el  escudo dominicano  y  que fue atribuido a este país .

El sello fue producido  en 1867 y para ese año en este país se había emitido a lo sumo unos 6 sellos y dado el atraso en que vivía el país, los mismos, al igual que ahora, eran muy escasos. Como era difícil conseguir los sellos reales, Chute Taylor y Nutler, los integrantes de la pandilla, produjeron ese sello que fue comprado en Estados Unidos y Europa como si fuera real. La  treta, sin embargo, no tardó en ser descubierta y sus autores desenmascarados por la prensa  filatélica de la época.

Ese sin embargo no fue un caso aislado y no fueron pocos los bogus producidos en el pasado  siglo para consumo de una masa de filatelistas cada vez más ávida de nuevas emisiones.

Parecería que en esta época, con el alud de nuevas emisiones que por todas parte nos invade y que ha puesto millares de sellos al alcance de cualquier coleccionista, no debería haber lugar para nuevos bogus. Sin embargo, parece que P.T. Barnum, el famoso humorista norteamericano del circo Ringling Bros and Barmum tenía razón cuando dijo que “cada día nace un tonto”. Últimamente hemos visto cantidades crecientes de bogus que se han convertido en un azote para los coleccionistas inexpertos que sucumben ante el encanto de sus policromas figuras.

Y el descaro de los productores de estos “sellos “ ha llegado a tal extremo que el nombre de uno  de los supuestos países es “Staffa”.

Otros “países “ que han servido de excusa para engañar incautos han sido la llamada Republik  Maluku Selatan cuyos sellos muestran un mapa de Indonesia y al general Douglas Mcarthur, y unos sellos atribuidos al gobierno de Albania en el exilio con la inscripción  SHOIPNIJA y mostrando a Roosevelt, Churchill y al obispo Gjergji Kastrioti. Sin embargo la lista es interminable y de seguro que seguirá.