lunes, 26 de marzo de 2012

El Túnel Del Tiempo: Uso del Catálogo (Parte II)

Publicado en el periódico  El Caribe, 20 de septiembre  1980, Pág. 31
La Filatelia al Día
Por Danilo Mueses
                                                           
La pasada semana les hablamos de los catálogos universales los cuales definimos como aquellos que registran todos los sellos del mundo. Esos catálogos, aunque son muy completos, al cubrir todo el mundo lo que ganan en amplitud lo pierden en profundidad y algunos coleccionistas especializados requieren una cantidad de información adicional a la que allí aparece y deben recurrir entonces a los catálogos especializados.

Catálogos generales especializados.
Son catálogos que cubren todos los países del mundo pero solo contienen un cierto tipo de sellos.
Dentro de ese tipo de catálogos, uno de los más famosos es el catalogo Sanabria que se publica en los Estados Unidos y cubre los sellos aéreos de todo el mundo. El catalogo, después de largos años de publicación interrumpida se suspendió, pero recientemente volvió a publicarse. (recordar que esto es una nota de 1980).

Otro catálogo general especializado es el Forbin, que cubre exclusivamente los sellos fiscales, que son los sellos usados para el pago de impuestos (por ej. los de Rentas Internas). Hay algunos coleccionistas que se dedican a este tipo de sellos, los cuales no aparecen en los catálogos generales corrientes. El catalogo Forbin se suspendió en 1915, pero aun constituye una pieza buscada por los especialistas. Recientemente se hizo una edición facsímil de ese catálogo.
En Inglaterra se editó a principios de siglo otro catálogo general especializado que fue el Morley, dedicado a los sellos de Telégrafos
                                                          
Catálogos especializados por países.
Los catálogos generales tienen grandes ventajas pero tienen también sus desventajas. Además del hecho ya citado de las limitaciones que le impone su alcance, está el hecho de su precio. El tomo del catálogo Scott que lista los sellos de R.D. ocupan apenas 26 de las 1,000 páginas que tiene dicho tomo. En consecuencia, el coleccionista de escasos recursos y que solo colecciona sellos de nuestro país prefiere comprar un catálogo dominicano, el cual, además de ser de menor precio, está en castellano y tiene una gran cantidad de información que no es posible encontrar en un catálogo universal.

Hay un tercer grupo de catálogos los cuales son cada día más populares, especialmente entre los coleccionistas temáticos. Nos referimos a los catálogos de temas. Suponiendo que usted coleccione sellos del tema “Puentes”. Es una tarea ardua en extremo revisar página por página un catálogo universal buscando los sellos sobre puentes. Toda esa labor se evita comprando un catálogo que lista todos los sellos sobre ese tema. En E.U. existe la American Topical Association la cual lleva publicado alrededor de 700 catálogos que cubren otros tantos temas. Es difícil imaginarse un tema que no esté ya incluido entre esos 700.

lunes, 19 de marzo de 2012

Una Sugerencia Original


Dicen el viejo refrán que si montaña no va donde Mahoma, Mahoma debe ir a la montaña. Cada día vemos nuevas muestras de un movimiento que no sabemos donde se inició: si la gente no va a donde están los sellos, llevemos los sellos a donde está la gente.

Fue con esto en mente que el comité organizador de la exposición ESPAÑA 2006 que ese año fue celebrada en Málaga, decidieron que las colecciones serían expuestas en carpas climatizadas que se ubicarían en las zonas de Málaga por donde normalmente circula más gente. Es como si montáramos una exposición en la Duarte o en la Calle El Conde. La única forma que tendría la gente de no ver la exposición es ir de compras a otro sitio.

Otro caso similar ocurre el Puerto Rico. La Sociedad Filatélica de Puerto Rico celebra cada año en octubre una exposición filatélica y siguen una línea similar: Han logrado que la gerencia de Plaza Las Américas les permita hacer su exposición anual en uno de los pasillos de la plaza por donde circulan diariamente miles de personas. Y la Plaza se beneficia pues lo más probable es que mucha de la gente que va a ver la exposición, aproveche la visita y compre algo en algunos de los establecimientos de la Plaza.

Ha sido dentro de ese contexto que hemos visto la sugerencia, muy interesante por cierto, que hace en la revista Flash, órgano de la FIP, Hermann E. Sieger, un comerciante de Alemania. Propone Sieger que las sociedades monten muestras no competitivas en diferentes sitios donde hay grandes cantidades de público “cautivo”. Uno de esos sitios podrían ser las salas de salida de los aeropuertos. Allí, miles de personas se pasan incontables horas sin nada que hacer mientras esperan la salida de sus aviones. Un grupo de colecciones de sellos les ofrecería algo entretenido en que matar el tiempo. Sieger llega a proponer que la muestra sea de sellos relacionados con la aviación.

Sieger sin embargo, no para ahí. Sugiere que las sociedades hagan contacto con los propietarios de los locales vacíos en los centros comerciales para que les permitan colocar en ellos muestras de sellos mientras aparece un nuevo cliente. Las colecciones pueden atraer la atención de inquilinos potenciales. Sugiere al mismo tiempo hacer un llamado a inscribirse en la Sociedad indicando la dirección.

Otra sugerencia de Sieger es conseguir que algún banco o que un salón de exhibición de automóviles permita poner en sus vestíbulos una muestra de sellos para aprovechar las miles de personas que diariamente les visitan.

Estas sugerencias, como el famoso cascabel al gato, requieren del esfuerzo de alguien pues debemos reconocer que aún la muestra más sencilla requiere del trabajo de alguien, pero creemos que, independientemente de cualquier objeción que alguien pudiera poner, la idea es buena.

lunes, 5 de marzo de 2012

El Túnel Del Tiempo de la filatelia: Uso del Catálogo (parte 1)

Publicado en el periódico El Caribe, 13 de septiembre 1980, Pág. 31
La Filatelia al Día
Por Danilo Mueses

Uso del catálogo (parte 1)

Alguien señaló que coleccionar sin un catálogo era como navegar sin brújulas; es evidente que el buque avanza pero ni el capitán sabe a ciencia cierta hacia dónde se dirige.

El catalogo surgió casi simultáneamente con el coleccionismo de sellos. Ya en 1861, cuando el coleccionismo estaba aún en pañales, F.G.O. Berger- Levault (un coleccionista de Estrasburgo) hizo el primer intento de compilar en un libro todos los sellos conocidos por él en lo que constituye, de hecho el primer catálogo de sellos, aunque no fuera más que una lista que repartió entre sus amigos.

A finales de ese mismo año Alfred Potiquet, un coleccionista francés, tomó la lista de Berger, le hizo algunas adiciones y conjuntamente con otros dos coleccionistas franceses, imprimió el catalogo y lo puso a la venta.

Para aquellos años aparecieron numerosos catálogos todos los cuales en general tuvieron vida efímera y la mayoría, además de pecar de incompletos, no pasaban de ser simples listas de los sellos conocidos por los autores.

De los catálogos universales( se denominan catálogos universales aquellos que registran todos los sellos emitidos en todos los países del mundo) que se duplican hoy en día, el más antiguo es el Stanley Gibbons que se empezó publicando en Inglaterra en 1865 como una simple lista de precios de 16 páginas. Al Stanley Gibbons le siguió el Scott que se empezó a publicar en New York en 1867.

Cada catalogo tiene lo que podríamos denominar su área de influencia. Posiblemente el catalogo más universalmente usado sea el Yvert publicado en Francia. Los precios de los sellos, como es natural, están expresados en francos.

En nuestro país y en otro con monedas con paridad con el dólar, el catálogo más comúnmente usado es el Scott. Esto se debe en gran medida a las fuertes relaciones filatélicas que mantienen muchos filatelistas con los E.U.

Otros catálogos ampliamente usados son el Stanley Gibbons que se usa en Inglaterra y en sus ex- colonias y el Michel editado en Alemania.

El catálogo pone a disposición del coleccionista una mina de información.

Además de presentar una lista de ordenada de todos los sellos emitidos por un país, nos permite saber una amplia variedad de datos incluyendo fecha de emisión del sellos: si es una serie, de cuantos valores consta, color de cada sello, perforaciones si es que las tiene, tipo de papel en que fue impreso, procedimiento de impresión utilizado y valor del sello tanto nuevo como usado.

Hay algunos catálogos que dan información adicional como es el Minku publicado en E.U., el cual señala cuantos sellos se emitieron de cada valor y da detalles sobre el motivo que aparece en la viñeta.

Cada sello que aparece en un catálogo lleva un número que permanece constante. Ese número equivale para todos los usuarios de ese catálogo a usar un lenguaje común. Así cuando un coleccionista habla del Scott No.322 de la República Dominicana, todos saben que este se está refiriendo al sello de $2.00 emitido en 1936 y la perteneciente a la serie Pro-Archivo. En consecuencia, esos números son usados para comprar, vender, canjear o aun para hacer preguntas sobre algún sello.

Se emite serie motivo del año del Agricultor.

El 15 de mayo pasado se emitió una serie alusiva al Año del Agricultor, los cuales fueron ordenados mediante Decreto No.1729 del 6 de mayo de 1980. La serie fue impresa en la Lit. Ferrùa en hojas de 50 sellos y consta de los siguientes valores:

  • 1¢ La figura de un agricultor cosechando cacao. 
  • 2¢ Agricultor recogiendo café 
  • 3¢ Agricultor con un racimo de plátanos 
  • 4¢ Picador de caña 
  • 5¢ Agricultor cosechando maíz 

Los sellos son de formato rectangular de 30 x 40mm. Están perforados 13 ½.

lunes, 27 de febrero de 2012

El túnel del tiempo de la filatelia: Hallazgos fabulosos

Publicado en el periódico El Caribe, el 2 de septiembre 1980, Pág. 31
La Filatelia al Día
Por Danilo Mueses

Todo filatelista sueña con encontrar algún día una colección o aunque sea un sello de esos que valen fortunas. Desafortunadamente en la realidad muy pocos lo consiguen, de ahí que nos sigan apasionando las historias de esos hallazgos fabulosos, las cuales leemos con fruición mientras seguimos soñando con que algún día nos tocará a nosotros.

Veamos algunas historias de esos hallazgos que son leyendas dentro del apasionante mundo de la filatelia.

Encuentra un fabuloso Mauricio azul

Por los años de 1860 James Bonar, un escolar escoces formó una colección de sellos en un pequeño álbum de bolsillo.

Después de algún tiempo, cansado de coleccionar sellos, puso el álbum en una gaveta y se olvidó de ellos. Una tarde, unos 40 años después, Bonar, por entonces un oficial de la Comisión de Servicio Civil quien por esa época vivía en Londres, se encontró con el álbum mientras revolvía unos papeles viejos. Bonar puso el álbum a un lado haciéndose el propósito de regalárselo a su nieto.

En la noche, mientras cenaba con una amiga, la conversación giro hacia los sellos sobre los cuales su amiga tenía algún conocimiento. Bonar buscó el álbum y la dama se puso a pasar rápidamente las páginas. Al llegar a los sellos de Mauricio su corazón palpitó con fuerza cuando vio al centro de la página, firmemente pegado con mucilago lo que parecía un espléndido ejemplar de un sello de 2 peniques azul de Mauricio de la emisión de 1847. Si el sello era genuino, su valor seria fabuloso: por tanto ella le recomendó que consultara un experto. Bonar siguió el consejo y este no tardo en diagnosticar que era genuino.

Con mucho cuidado, el sello fue removido de la página y a comienzos de 1903 fue puesto en subasta. Después de una dura lucha entre los interesados. El sello fue subastado por el rey Jorge V (entonces Príncipe Gales) por $7.250, en esa época un precio record. El sello hoy en día vale $250.000.00 (recuerden que este valor fue en 1980)

Un Buchaman desconocido

Antes de que en E.U. se emitieran los primeros sellos, las administraciones postales de algunas ciudades emitían sus propios sellos James Buchanan, administrador de correos de Baltimore preparò unos sellos crudos de 5 y 10 centavos consistentes en una tira rectangular con su firma y debajo el valor.

Durante muchos años solo se conocieron los sellos de 5 centavos. En 1896 un comerciante norteamericano ofreció pagar $100 por cada sello de Baltimore de 5 centavos. Un día entró a la tienda una viejecita y le preguntó que cuánto pagaría por uno de 10 centavos. El comerciante le respondió que poco importaba pues el no conocía ningún sello de 10 centavos. La dama sacó entonces de su cartera una carta con un ejemplar perfecto del sello de 10 centavos.

Al comprobar que el sello era legítimo, el comerciante le hizo una oferta $1,500 por la carta o venderlo en base a una comisión de un 10%. La dama optó por la segunda propuesta y poco después el sello lo compraba Ferrari por $3,300. Hoy en día Scott lo valora en $100,000. (recuerden que este valor fue en 1980)

lunes, 20 de febrero de 2012

El Túnel del Tiempo de la filatelia: Como llevar una colección. Parte 2.


Publicado en el periódico  El Caribe, el 23 de agosto 1980, Pág. 31
La Filatelia al Día
Por Danilo Mueses

La pasada semana les hablábamos de algunas de las herramientas básicas del coleccionista incluyendo el álbum, las bisagras, las pinzas y la lupa. Hoy vamos a hablarles de otras partes del equipo.

Odontómetro. El odontómetro nos permite medir las perforaciones. Actualmente la mayoría de los sellos que se emiten son diferentes de cuantos se hayan emitido con anterioridad. Antiguamente sin embargo, era común que se emitieran sellos exactamente iguales en sus viñetas pero diferentes en sus perforaciones.

El valor de una emisión puede diferir considerablemente de la otra.

Los coleccionistas han adoptado la norma de que las perforaciones de un sello están indicadas por el número de estas en el espacio de 2cms. Como contarlas puede ser en extremo tedioso, el odontómetro permite determinar fácilmente el número de perforaciones.

Filigranoscopio. Las filigranas o marcas de agua son unos dibujos que tienen algunos tipos de papel. Pueden observarse por ejemplo, poniendo a contraluz una hoja de papel bond.

Al igual que en el caso de las perforaciones, algunas veces los sellos de una emisión son iguales a los de otra emisión anterior, excepto que los primeros fueron emitidos en papel con filigrana y los segundos en papel sin filigrana o con una filigrana diferente.

Para ver la filigrana, se usa el filigranoscopio, que es una placa negra, generalmente de vidrio. Se coloca el sello boca bajo sobre el filigranoscopio y se vierten encima unas pocas gotas de bencina. La filigrana, si es que la tiene, aparecerá claramente.

Catálogo. El catalogo es el alma del coleccionista. Es norte y guía y sin él, es poco lo que se puede avanzar. Alguien señaló que coleccionar sin catálogo era como navegar sin brújula: se avanza, pero no se sabe con certeza hacia donde se va.

El catálogo es esencial pues contiene información y conocimiento acumulados por generaciones de coleccionistas.

Esencialmente un catálogo es una lista ordenada de los sellos emitidos por un país dispuesto cronológicamente. Un catálogo contiene una mina de información pues indica, entre otras cosas, de cuantos valores consta la emisión, tipo de papel, perforación, fecha de emisión, filigrana, tipo de impresión, color y valores (nuevos y usados)

Conociendo ya su equipo podrían iniciar su colección sobre senda más segura. Una de las primeras decisiones que deberán tomar es, qué se va a coleccionar. Todo coleccionista, pasado la etapa de la consecución de sellos a través de familiares y amigos, debe trazarse un programa de adquisiciones.

¿Cuánto puede gastarse en sellos? Nadie debería invertir en sellos dinero por encima de sus posibilidades: por tanto cada quien debe adoptar una colección a la altura de sus recursos.

Otro consejo es, pida orientación. Es posible que cerca de usted, algún conocido pueda darle valiosas sugerencias que le serán de gran ayuda.

miércoles, 1 de febrero de 2012

El Tunel del Tiempo: Como llevar una Colección


Publicado en el periódico  El Caribe, el 16 de agosto 1980, Pág. 31
La Filatelia al Día
Por Danilo Mueses

El señor Hugo R. Ventura, de la Pedro Fco. Bono de Santiago nos pide que le demos las orientaciones sobre cómo llevar una colección de sellos.
Cubrir un tema tan amplio dentro de los estrechos límites de esta columna es tarea casi imposible. Ya en varias ocasiones hemos enfocado diferentes aspectos del coleccionismo; de todos modos, vamos a darle algunas orientaciones.

Equipo necesario
El equipo que necesita un principiante se reduce a un álbum o un clasificador, un sobre de bisagras para pegar los sellos, una pinza y una lupa. Otras herramientas útiles son el odontómetro, el filigranoscopio y el catalogo. Vamos a hablarles con un poco de detalle de este equipo.
Álbum: El álbum dependerá en gran medida del tipo de colección. Si usted colecciona un álbum especial para este país. Hay varios modelos de fabricaciones nacionales y extranjeros.
Si colecciona sellos mundiales la selección de álbumes es aún más amplia y oscila entre álbumes pequeños y baratos con una capacidad de unos 4,000 sellos y los álbumes más grandes y costosos con capacidad de 50,000 a 80,000 y aun mas sellos.
El álbum pequeño es más económico pero tiene el inconveniente de que el principiante se tropezara con que el álbum no tiene espacio para colocar la mayoría de los sellos que llegan a la mano.
Los álbumes mayores, además de su mayor costo pueden ser frustrantes, para el principiante al tropezarse con miles de espacios sin poder conseguir los sellos para ocuparlos. Esto puede resolverse con un clasificador que es un libro que puede ser encuadernado o de hojas sueltas. Las hojas son de cartulina y contiene una serie de bolsillos de unos 2cms. de ancho dispuestos transversalmente donde se van colocando los sellos. Tiene la ventaja que los sellos pueden colocarse y removerse del clasificador con facilidad ya que los sellos se colocan sueltos o sea, sin pegarlos.
Bisagras: Muchos principiantes pegan sus sellos con mucilago o con cinta transparente (Scotch tape). Ambas prácticas pueden dañar irresistiblemente sus sellos. Lo ideal es colocarlos con unas bisagras fabricadas especialmente para estos fines. Su costo es bajo y son muy convenientes. En el sobre vienen instrucciones claras de cómo usarlas.
Pinzas: Los sellos son piezas delicadas y manejarlas con los dedos los estropea. Al principio, el manejo de los sellos con la pinza puede parecerle embarazoso pero, una vez se habitúe, notara que es mucho más fácil que con los dedos y como los decíamos antes, con ellas no estropearan los sellos.
Lupa: La lupa, junto a las pinzas, junto a las pinzas, son los dos accesorios más estrechamente asociados al coleccionista. La lupa nos permite apreciar detalles y defectos en los sellos, no percibibles a simple vista. La potencia o aumento de una lupa esta expresada en su número de x. Así una lupa de 3x significa que tiene 3 aumentos. Lo recomendable es una lupa de entre 3 y 5x y de un diámetro de entre 1 ½ y 2 pulgadas.

En la próxima semana continuaremos.

lunes, 9 de enero de 2012

Discurso de la Puesta en Circulacion del Libro: "Correo y Filatelia en la República Dominicana en el Siglo XIX"


El año pasado, durante la puesta en circulación de la obra Tarifas Postales Dominicanas 1851-2009, resultado del trabajo del Lic. Juan Manuel Prida y de quien les habla, tuve a mi cargo la presentación de la obra bajo el entendido de que, cuando se hiciera la presentación del libro de Buenos Aires, que estaba programada para el mes siguiente, quien hablaría sería Prida.

Al llegar a Buenos Aires, al Lic. Prida se le asentó el pájaro verde, la expresión que usaba mi abuelo para decir que alguien se había acobardado y de nuevo debí ser yo quien hablara, una persona que no se caracteriza por sus dotes como orador.

Hace algo más de dos semanas, en una reunión que sostuvimos el amigo Prida, el Sr. Alonso y yo con el Dr. Moya Pons para definir el protocolo de la puesta en circulación de este libro, Prida de nuevo se extrañó, la expresión que usan los galleros cuando al llegar a la gallera el gallo se niega a pelear y sale huyendo. Esto, a pesar de que en Buenos Aires me había prometido que la próxima vez sería él.


Aunque este es el libro # 11 que publico, nunca ha estado demasiado claro que debe decir el autor en la presentación de su obra. Debería ser algo tan sencillo como: Señores, escribí este libro, espero que lo compren y confío en que lo leerán.


A falta de unos lineamientos claros sobre el tema, voy a hablarles un poco sobre lo que han sido los esfuerzos para escribir sobre nuestras emisiones.


El primer trabajo serio sobre nuestras emisiones lo escribió Charles J. Phillips en 1905 en una serie de artículos que publicara en el Stanley Gibbons Monthly Journal. Es un trabajo de gran profundidad pero en él, Phillips se queja de que no había podido conseguir en el país información alguna sobre nuestras emisiones y señalaba que la poca que existía se había perdido.


40 años más tarde, en 1945/46, el Dr. Clarence Hennan, un distinguido médico de Chicago propietario de una de las mejores colecciones de la República Dominicana que se habían formado hasta la fecha, escribió otro brillante trabajo sobre nuestras emisiones del siglo XIX. En su obra, Hennan, al igual que Phillips, se quejaba de que no había conseguido ninguna información en el país. Lo único que pudo conseguir fue un suplemento que publicó Genaro Martínez como parte de su Revista Postal que comenzó a publicar en 1933. Genaro, un inmigrante español, cuando no conseguía la información se la inventaba. Así por ejemplo, cuando habla de nuestros primeros sellos, dice que en una reunión que se convocó para decidir la viñeta de nuestros primeros sellos, José M. Bonetti se presentó con un escudo en madera que había tallado. Los convocados aprobaron usar el escudo como modelo y se encargó a los Estados Unidos la confección del clisé y que los sellos se emitieron el 12 de enero de 1866. Desconocemos el origen del escudo en cuestión, pero éste se había estado usando en un papel moneda desde agosto de 1865 según podemos ver en unos billetes de banco que muestra el amigo Isaac Rudman en su obra sobre el papel moneda dominicano y se sabe, positivamente, que los sellos se emitieron en octubre del año anterior.


Pues bien, el trabajo del Dr. Hennan es brillante, pero cuando toca el tema de los datos técnicos sobre nuestras emisiones, incluye todos los disparates de Genaro (Prida me corrigió y dice que fueron dislates y no quise seguir discutiendo con él sobre semántica).


El tercer intento de un trabajo serio sobre nuestras emisiones es de Oscar Ravelo. Este publicó en 1944 El Correo en Santo Domingo donde cubre todo lo relacionado con el correo desde el descubrimiento hasta 1865, fundamentalmente lo que los filatelistas llamamos nuestra prefilatelia. Ravelo, quien trabajó durante muchos años en el Archivo General de la Nación hizo un buen trabajo. En lo relacionado con nuestras emisiones, esa parte estaba prevista ser cubierta en el segundo tomo que abarcaría desde 1865 hasta 1944.


Ravelo redactó ese segundo tomo y según me informó (trabajamos juntos en el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos), le dio el borrador del libro al Dr. Thomén para que se lo corrigiera en la parte filatélica pues Ravelo no era filatelista, ni siquiera coleccionista de sellos. Thomén murió más de 20 años más tarde sin revisarle el trabajo y el borrador quedó entre sus papeles. Estos fueron comprados a su viuda por el Sr. Guillermo Asmar y tuve la oportunidad de ver el borrador en casa de Asmar. Éste le vendió los papeles de Thomén al Lic. José Luis Abraham pero cuando hicimos contacto con Abraham para tratar de conseguir el borrador, no pudo localizarlo. Todo parece indicar que Asmar se quedó con el borrador. No se mucho sobre su contenido pues apenas lo hojeé.


El Dr. Thomén tenía en mente escribir un libro sobre nuestras emisiones. Fue uno de nuestros más brillantes filatelistas. Desde su posición como embajador en Londres y Washington se dedicó a comprar en los mercados de pulgas cuanto libro de filatelia encontraba, especialmente revistas, llegando a formar la mejor biblioteca filatélica que ha habido en el país. El Dr. Thomén murió y no llegó a escribir el libro.


La biblioteca Thomén quedó en la oficina del Ing. Enrique J. Alfau, otro distinguido filatelista. Alfau tenía la intención de escribir el libro que no había escrito Thomén, con base a la biblioteca de éste, y me encargó de revisar todo lo que allí había y prepararle las fichas. Durante más de un año iba todos los sábados a la oficina de Alfau y me llevaba a la casa una caja de libros y sacaba de ellos todas las informaciones que encontraba sobre nuestras emisiones. Le entregué el trabajo a Alfau pero tuve la precaución de quedarme con una copia de las fichas.


El Ing. Alfau murió y nunca llegó a escribir el libro. Las notas que tomé las usé en 1999 para mi obra Emisiones Postales Dominicanas 1865-1965 y en 2001 en la obra República Dominicana: Los Sellos Clásicos.


Hace dos años me dispuse a montar mi colección dominicana incluyendo en ella cubiertas. Cuando se incluyen cubiertas en una colección, las que la convierten en una colección de historia postal, se debe tener conocimiento de las tarifas postales y no conocía las diferentes tarifas que se han usado en nuestro país. Pensé que la tarea sería fácil pues todo se limitaría a revisar la colección de leyes. El colega de la Sociedad Dr. Cristian Pimentel puso a mi disposición su colección de leyes. Al revisarla pude constatar que había muchas disposiciones en materia postal que no estaban en la colección y allí fue donde se incorporó al proyecto el Lic. Prida. Este se sumergió en el Archivo General de la Nación y logró localizar toda la información faltante y fruto de ese trabajo conjunto fue nuestra obra sobre las tarifas de la que les hablé al principio.


En su revisión de legajos en el Archivo, Prida encontró una cantidad enorme de información sobre el correo y fue en ese momento que surgió la idea de este libro. La labor se hizo más fácil por las facilidades que ofrece el Archivo desde que está al frente el Lic. Roberto Cassá. Gracias a su gestión el archivo ha dejado de ser un depósito de papeles para convertirse en un verdadero centro de investigación histórica.


Como parte de la redacción de la obra nos propusimos cubrir, además de la parte filatélica, la parte correspondiente al correo, una parte de nuestra historia que ha sido ignorada por nuestros historiadores. Dice el Dr. Moya Pons, en su obra La Otra Historia Dominicana:


“A mi me gustaría ver en los próximos años libros frescos de historia dominicana, con enfoques cuantitativos, que estudien la evolución de la política económica de los gobiernos, las relaciones exteriores, los sistemas agrícolas, el campesinado, el comercio, los sectores laborales, los procesos de urbanización, los ferrocarriles, el impacto de las carreteras, la moderna industria azucarera, la introducción de nuevos cultivos comerciales, la demografía, los partidos políticos, las clases medias, las élites, la evolución de la cultura, los nuevos movimientos religiosos, las fuerzas armadas, el Estado, las migraciones, la mujer, las ideas, las empresas, la educación, la reforma agraria, la política agropecuaria, la vida local, en fin, todo lo que hasta ahora ha estado ausente de los libros de nuestros historiadores”.


Pues bien, aunque no pretendemos que en lo atinente al correo hayamos respondido a las inquietudes del Dr. Moya Pons, en el libro que hoy presentamos estudiamos, además de todo lo relacionado con nuestras emisiones, una enorme cantidad de informaciones hasta la fecha desconocidas sobre el correo en el siglo 19. Todos los que hasta la fecha han escrito sobre nuestras emisiones, y entre estos me incluyo, lo han hecho con base a la información publicada en las revistas editadas en el exterior. En esta obra, por primera vez, se usa información primaria obtenida directamente del Archivo General de la Nación.


El libro sobre el correo y sobre nuestras emisiones que trataron de escribir Phillips, el Dr. Hennan, el Dr. Thomén, el Ing. Alfau y hasta yo me incluyo y que no se había podido escribir dada la falta de los datos que hoy están a nuestra disposición gracias a las facilidades que ofrece el Archivo General de la Nación, es el resultado de más de dos años de investigaciones durante los cuales se revisaron centenares de legajos. El Lic. Prida tomó más de 20,000 fotos de documentos relacionados con el correo y nuestras emisiones postales.


Se cumple una vez más, por tanto lo planteado por Calderón de la Barca en su drama Hijos del Sol cuando dice que:


Los casos dificultosos
 
Y con razón envidiados
Empiésanlos los osados

Y acábanlos los dichosos

 

Al poner en circulación esta obra queremos dar las gracias, en primer lugar a nuestro anfitrión el Dr. Moya Pons por habernos abierto las puertas de esta augusta academia.
En cuanto a la obra en sí agradecemos a:

  • Dr. Roberto Cassá por las facilidades ofrecidas por el Archivo a lo largo de más de dos años.
  • Al Lic. Osvaldo Giordano, Presidente de la ACFA por su hermoso prólogo.
  • En la parte financiera, a los Sres. Isaac Rudman, Lic. Fernando Báez y el amigo Richard Zaremba de Canadá. A estos amigos, nunca les pasa como a un amigo que tengo que a la hora de pagar la cuenta, nunca logra desabotonar el bolsillo donde tiene a cartera.
  • A los mismos amigos Rudman, Báez y Zaremba, al hermano Manolo Pappaterra quienes pusieron a mi disposición sus colecciones.
  • La hermosa portada, como siempre, es obra de mi hijo Guillermo Mueses.
  • Eduardo Mueses, otro hijo y Guillermo Emilio Molina, un nieto, lograron rescatar una serie de matasellos borrosos que localizamos en el Archivo y se ofrecen como primicia en la obra.
  • El hermoso y esmerado trabajo de diagramación fue hecho por el Arq. Giuseppe Di Vanna quien, aunque vive en EU, nos había prometido estar con nosotros. Lamentablemente, compromisos de última hora se lo impidieron.
  • La hermosa impresión fue hecha en los Estados Unidos. Aunque nos da pena decirlo, conseguimos que el libro fuera impreso por una fracción del precio que nos cotizaron en el país y nos entregaron el trabajo en apenas una semana.
  • Y finalmente, agradecemos a los señores académicos, al personal del INPOSDOM, a los colegas de la SFD y a los familiares y amigos que en un acto de solidaridad vinieron a acompañarnos en este momento tan importante tanto para el Lic. Prida como para mi.   
Gracias de todo corazón.