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jueves, 4 de abril de 2013

El Túnel del Tiempo de la Filatelia: Perfil de Theodore Champion. Un gran filatelista


La Filatelia  al Día
28 De Febrero de 1981.No 54
Por Danilo A.Mueses


No muchos filatelistas  han  oído hablar de Theodore Champion. Cuando se habla de las grandes figuras de la filatelia inmediatamente surgen los nombres de Ferrary, el Coronel Green, Arthur Hind, Roosevelt pero, casi todos han ignorado a Thedore Champion, uno de los más grandes filatelista del siglo XX.

Champion nació en Suiza en 1873, pero a temprana edad se trasladó a Francia haciéndose ciudadano de ese país.

En sus años mozos se dedicó al ciclismo y como atleta de esa disciplina recorrió casi todo Europa cosechando triunfos y haciendo honor a su apellido, fue auténtico campeón de  ciclismo, pasión que compartía con la filatelia .

Ya a finales del siglo pasado, había ganado suficiente dinero para abrir una tienda en el número 13 de la calle Dronot de parís. Esa tienda, que llamó Maison Theodore Champion, vino a ser conocida como la Meca de los coleccionista. Durante su larga vida fue amigo y consejero de los más grandes coleccionistas de ambos lados del océano .

Como coleccionista, Champion acumuló una de las más grandes colecciones que jamás se haya formado. Estaba completo a partir de 1910 y de ese año hacia atrás sólo le hacían falta unas pocas piezas de las que entran en la  categoría de inoptenibles. Entre las grandes rarezas que  adornaban su colección, estaban los sellos de 1 penique y de 2 peniques emitidos por Mauricio  en 1847, conocidos como los “Post Office” y que en la actualidad están valorados en $250,000.00 cada uno; el sello de 2 centavos de la Guayana Inglesa de 1851, con un valor en la actualidad superior a los $50,000.00; el sello de 3 p. de Nueva Zelandia de 1862 y el sello de  9 Kr. de Baden, negro sobre verde (error de color) que está valorado en $60,000.00.

Esa fabulosa colección que pudo montar gracias a sus magníficas relaciones dentro del campo  filatélico, fue expuesta en numerosas exposiciones internacionales. Gracias a sus amplísimo conocimientos filatélicos fue nombrado jurado en muchas de esas exposiciones.
Su labor en pro de la filatelia le fue reconocida siendo nombrado en su país de adopción, oficial de la Legión de Honor y en 1937 se le honró al ser inscrito su nombre en el exclusivo Roll of Distinguished Philatelists de Inglaterra .

La  Maison Theodore Champion se unió a los impresores Yvert et Tellier y fundaron a principios de siglo el catálogo Yvert Tellier-Champion que es, posiblemente, el catálogo más usado internacionalmente y desde su fundación se ha publicado en forma ininterrumpida, aún durante los días aciagos de la Segunda Guerra Mundial. Publicaban igualmente la revista L`Echo de Timbrologíe. Al morir Champion en 1954, el catalogo redujo su nombre al de Yvert & Tellier .

Campion fue además  fundador del Museo Postal de Francia. Murió el 31 de agosto de 1954.  En 1969 Liechtentein le honró emitiendo el hermoso sello de 1.20 fr. 

lunes, 28 de mayo de 2012

El Túnel Del Tiempo: La Historia de los primeros sellos de Mauricio (Parte II)

Publicado en el periódico El Caribe, 1 de noviembre 1980, Pág. 31
La Filatelia al Día
Por Danilo Mueses

Joyas filatélicas con la fama de la “Post Office” de Mauricio llevan aparejada multitud de episodios de hondo contenido humano, de alegrías y frustraciones. Ya en nuestra columna del 6 de septiembre les narramos la historia de cómo J. Bonar encontró un fabuloso ejemplar de 2 peniques de esta emisión en un viejo álbum que tenía olvidado en una gaveta desde que era un niño, y el cual pudo vender en $7,250, que para esa época era el precio más alto que jamás se había pagado por un sello.

Vamos a contarles otras historias relacionadas con estos sellos.

Para 1868, un residente en la isla de nombre M. Noirel, buscando entre viejos papeles encontró dos sellos de 1p. De esta emisión. Con sus sellos se dirigió donde un amigo que sabía coleccionaba sellos y se los ofreció en venta. Al amigo, sin embargo, solo le interesaba uno y Noirel puso el otro sello en el bolsillo de su saco.

Unos días más tarde se encontró con otro coleccionista, hasta el cual había llegado la noticia de su hallazgo y quien le ofreció comprarle el otro ejemplar. Noirel se encamino a su casa a buscar el sello que estaba en el bolsillo del saco que había dejado en el armario; sin embargo, no estaba allí: su mujer lo había mandado a lavar y en el bolsillo no había ni trazas de su valioso sello.

De esto se puede sacar valiosas enseñanzas: nunca deje sellos en el bolsillo de su saco.

A otro coleccionista le pasó aun peor. Su nombre era Bratt y estaba de turista en un pequeño puerto del sur de la India donde un amigo llamado Walker, quien tenía una plantación de té en la región.

Un día de fiesta fueron al mercado de la villa a preguntarle a los nativos si tenían sellos viejos a la venta. De inmediato se vieron inundados de ofertas entre las cuales había uno de 1p. y uno de 2p de los “Post Office” de Mauricio que compraron de inmediato.

Por seguridad Bratt puso los sellos en la parte de atrás de su reloj de bolsillo y se fue a la cama. Durante la noche un ladrón se metido a la habitación y se robó el reloj. En la mañana al darse cuenta del robo informaron a la policía la cual no tardó en atrapar al ladrón tratando de vender el reloj.

La alegría de recuperar el reloj les duró poco pues cuando abrieron el reloj se dieron cuenta de que los sellos habían desaparecido. Al preguntarle al ladrón por los sellos este respondió: “ ¿Ustedes están hablando de esos pedacitos sucios de papel? Bueno, yo los tiré al fuego a fin de destruir cualquier indicio”. No había nada que hacer como no fuera echarse a llorar.

La fascinación que han ejercido estos sellos ha golpeado con fuerza a gran cantidad de coleccionistas. Muy pocos, sin embargo han podido llegar a poseerlos y cada día será más difícil que alguien que pueda llamarse un coleccionista neto, pueda darse el lujo de poseer un ejemplar.

Para 1891, de los 26 ejemplares que se sabe que existen, solo se conocían 19 y había gente capaz de cualquier cosa por obtener una copia. Eso hizo que en un número de ese año del periódico “Vanity Fair” apareciera el siguiente anuncio:

“Coleccionista de sellos con una colección de 12,544 sellos está interesado en casarse con una dama que sea una coleccionista apasionada y posea un ejemplar del sello de 2p. Emitido en Mauricio en 1847”

En aquella época un ejemplar de del sello de 2p. Podía conseguirse por $1000, una suma que aunque importante nos luce un precio muy bajo para que una persona sacrifique su soltería pues, aunque el fulano no consiguió su dama con el “Mauricio Azul”. Nos preguntamos: ¿Y si hubiera respondido una “jamona” con un “Mauricio” falso y el coleccionista se hubiera venido a dar cuenta cuando ya estuviera casado?