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lunes, 18 de junio de 2012

Las Falsificaciones de Fournier


Las falsificaciones de sellos para defraudar a los coleccionistas nacieron casi simultáneamente con la afición. Cuando se habla de falsificaciones de sellos, hay dos nombres que brillan en el firmamento como Venus en su perihelio: Sperati y Fournier. La característica de los falsos de Sperati es la calidad; la de las de Fournier es la cantidad. Aunque las falsificaciones de Fournier no alcanzaron ni la calidad ni la fama de las de Sperati sus productos fueron tan abundantes que pocas colecciones de sellos baratos están libres de ellas.

Mientras las falsificaciones de Sperati son piezas de colección, llegando muchas de ellas a valer más que los originales, las de Fournier se suelen colar por la puerta de atrás pasando desapercibidas. Tómese por ejemplo las falsificaciones que hizo de los sellos del mapita de nuestro país (Scott # 111/119). Aunque no podríamos decir que pueda engañar a un coleccionista medianamente familiarizado con las características de los sellos legítimos, no son en modo alguno, trabajos burdos.

Una de las características de Fournier que nos llaman la atención es su desfachatez. En uno de los números de la revista Le Fac-Simile que publicaba, muestra un dibujo de un mendigo con el siguiente comentario:

“¿Por qué este hombre ha quedado tan pobre como para pedir limosna? Porque gastó todo su dinero en los llamados ‘sellos genuinos’ de los cuales él había oído que eran la mejor y más rentable inversión. Pero cuando él quiso vender su colección, se encontró que contenía muchas cancelaciones de favor, sellos falsos, etc.”
“Si él hubiera gastado solo un poco de dinero en algunos facsímiles, entonces hubiera tenido una colección más hermosa y barata, con más rarezas. En vez de ser un pordiosero, él tendría su dinero en el banco y hubiera podido tomar su café diariamente en el café Bauer en Under den Linden, y al mismo tiempo admirar diariamente su colección de facsímiles comprados donde F. Fournier, Ginebra.”
  
En otro de sus avisos decía: “Solo los tontos pagan más del 10% del valor de catálogo por cualquier sello. Facsímiles auténticos, frecuentemente en mejor estado que los originales que ofrece el comercio, pueden conseguirse por unos cuantos francos. Si usted insiste en el artículo genuino, nosotros reconstruimos a bajo costo cualquier copia dañada en forma tal que desafía absolutamente su detección. El comerciante promedio de todos modos le venderá desvergonzadamente dicha copia restaurada. Compre directamente de nosotros y ahórrese su dinero duramente ganado. Ciertamente nadie va a notar la diferencia”.

Después de leer este último aviso, uno se pregunta cual sería en realidad el nivel de las restauraciones que hacía Fournier y hasta que punto era cierta su aseveración de las mismas “desafiaban absolutamente su detección”. Aunque tenemos las falsificaciones que hizo Fournier de los sellos de nuestro país, no conocemos ningún sello reparado que se sepa que el trabajo fue hecho por Fournier. Por tanto no sabemos hasta que punto sea rigurosamente cierto aquello de que sus reconstrucciones “desafiaban absolutamente su detección”.

Francois Fournier nació en Croix de Rozon, un distrito de Suiza, el 24 de abril de 1846. Se hizo ciudadano francés y sirvió como soldado en la guerra franco-prusiana, pero a principios del siglo XX retornó a su país natal y fue allí donde montó su taller de falsificaciones y desde donde hacía sus negocios.

En Suiza no era ilegal falsificar sellos si usted los declaraba como tales. Fournier los denominaba “facsímiles” y los registró con su marca de fábrica. La oficina de patentes de Berna le otorgó la patente 16,062.

Fournier murió el 12 de julio de 1917. Su stock quedó en manos de Charles quien murió en 1927. La Unión Filatélica de Ginebra le compró todo el stock consistente en más de 800 libras de sellos falsos a la viuda de  Hirschburger y con ellos preparó 480 álbumes que vendía a los coleccionistas a $25 como material de referencia. Los sellos en esos álbumes llevan al frente la palabra “FAUX” (falso) y en la parte posterior “FAC-SIMILE”. Los sobrantes fueron incinerados. Le compró también el equipo usado por Fournier para falsificar los sellos el cual donó al Museo de Historia de Ginebra.

Los pocos álbumes con los falsos de Fournier que se conservan completos se venden hoy día en cientos de dólares. 

martes, 30 de agosto de 2011

El Túnel Del Tiempo: Falsificadores. Jean de Sperati.

Publicado en el periódico El Caribe, el 7 de junio 1980, Pág. 31

La Filatelia al Día #17

Por Danilo Mueses

¡Qué tal amigos!

La pasada semana les hablamos de las falsificaciones y de los falsificadores.

Les dijimos que el mayor de todos había sido Jean de Sperati. Vamos a hablarles más extensamente de este personaje que es ya una leyenda.

De Sperati se crió en Aix—les Bains en Francia. Desde pequeño sintió aficción por los sellos y cuenta la leyenda de su decisión de dedicarse a la falsificación de sellos surgió de un episodio que le sucedió siendo un niño. Deseando adquirir un sello que le hacía falta y cuyo costo estaba por encima de sus posibilidades, se sometió a una serie de privaciones hasta ahorrar lo suficiente para comprar el sello que tanto anhelaba. Estaba verdaderamente orgulloso de su sello.

Poco después, sin embargo, descubrió con amargura que lo habían engañado y de este hecho surgió su decisión de dedicarse a falsificar sellos.

Sperati fue un indiscutible maestro de las falsificaciones y no alcanzó el lugar de prominencia a que llegó por accidente. Fue un estudioso profundo del proceso y de los materiales envueltos en las fabricaciones de los sellos, tales como papeles, colores, tintas, gomas, grabados, litografía, diseño, perforaciones, etc.

Invirtió en costosos equipos incluyendo lámparas de cuarzo, espectroscopio, cámaras, microscopios, etc.

Durante años, Sperati se burló de los expertos consiguiendo que estos le extendieran certificados de autenticidad a piezas falsificadas por él.

Un episodio sin embargo vino a poner al descubierto su trabajo. Poco después de la II Guerra Mundial, la aduana francesa interceptó un envió que hacía de 18 sellos valiosos con destino a Portugal. Como la exportación de sellos valiosos sin pagar los debidos derechos estaba prohibida, se le llevó a la justicia donde, si resultaba convicto, tendría que pagar una multa de 800,000 francos o ir a la cárcel.

La única forma de librarse a una condena fue declarando que él mismo había fabricado esos sellos.

Se llamó a los expertos y estos dictaminaron que los sellos eran legítimos. Sperati se enfadó y puso sobre la mesa del tribunal un paquete de sellos, mucho mayor.

-¿Quiere usted que le fabrique un centenar de kilos?- propuso

En vista de que con la falsificación de sellos no violaba ninguna ley francesa, Sperati fue absuelto.

En 1952, la British Philatelic Asociation le compró a Sperati por 10 millones de francos las matrices de los 558 sellos que había falsificado y el derecho exclusivo de reproducir sus falsificaciones. En base a estas matrices la BPA preparó un álbum donde aparecen reproducidas todas las falsificaciones de Sperati y se indica cómo identificarlas. Solo así pudieron los expertos sacar a Sperati del negocio de los sellos falso.

martes, 23 de agosto de 2011

El Túnel Del Tiempo: Los Falsificadores - Tarjeta entregada a los 40 años

Publicado en el periódico El Caribe, el 31 de mayo 1980, Pág. 31
La Filatelia al Día (#16)
Por Danilo Mueses
La importancia y difunción de la filatelia ha hecho que muchos sellos, tal como ya lo hemos señalado en otros artículos, alcancen precios fabulosos. Muchos de esos sellos siempre han sido escasos, ya sea porque la tirada fue muy reducida o porque, habiendo circulado en lugares muy remotos, cuando vinieron a ser conocidos en los grandes centros filatélicos de los Estados Unidos y Europa ya se habían agotado en sus países de origen y se habían constituido en grandes rarezas.

Esta situación hizo funcionar el principio del aumento del precio de cualquier mercancía: Una oferta limitada y una demanda creciente. Como consecuencia de esta situación comenzó la falsificación de los sellos que se convirtió durante el siglo pasado en una verdadera plaga.
Afortunadamente, Pronto le salieron al paso los estudiosos quienes publicaron artículos, monográficos y aun libros donde señalaban las características de los sellos legítimos y como detectar los falsos.

Hoja de falsos de Fournier con las diferentes cancelaciones.
Uno de los primeros que comenzó a escribir sobre los falsos fue un clérigo ingles nombrado Robert B. Earee, y comenzó a publicar sus estudios en "The Philatelist", una revista Inglesa, por el año 1871. Por el año 1882, reunió sus trabajos en un libro que título "Álbum Weeds", que vendría hacer algo así como: ‘’ Malas Hierbas del Álbum’’. El libro alcanzó tres emisiones, la última de ellas 1906. El libro "Álbum Weeds" se ha convertido en un clásico y lugar obligado para todo aquel que se inicia en el estudio de los falsos. La crónica negra de los grandes falsificadores llenaría volúmenes enteros. Entre los grandes falsificadores se cuenta Samuel Allan Taylor, J.M. Chute, los hermanos Spiro, Fournier y De Thuin. El mayor de todos sin embargo fue Jean de Sperati, cuyos trabajos no han sido jamás superados.
Afortunadamente, las piezas de bajos precios en general, no son falsificadas. Como una precaución contra las falsificaciones jamás se debe comprar un sello de alto precio si no es a un comerciante conocido que garantice su legitimidad.

Tarjetas entregadas a los 40 años
Mucha gente se queja de que las cartas tardan mucho en el correo y del pésimo servicio. Para consuelos de muchos les contare que el 5 de enero de 1978 el Servicio Postal Canadiense entregó una tarjeta de Navidad que había sido puesta en el correo el 22 de diciembre de 1937, o sea 40 años y dos semanas antes en un buzón de Vancouver.
Aunque no se explican los motivos de la tardanza, los tíos del correo trajeron a colación el cuento de ‘’más vale tarde que nunca’’.