En los años 80 el Ing. Danilo Mueses comenzó una columna en el periódico el Caribe, se llamaba La Filatelia al día. Durante 20 años se estuvo publicando cada sábado hasta que el periódico decidió suspender la columna. Como un proyecto sus hijas hemos decidido subir cada semana uno de los artículos, algunos se refieren a aquella época, pero otros mantienen la actualidad como si hubieran sido escritos ahora.
martes, 23 de octubre de 2012
Fin del Monopolio del Royal Mail
lunes, 17 de septiembre de 2012
El Túnel Del Tiempo: Falsificaciones (Parte II)
Publicado en el periódico El Caribe, 13 de diciembre, 1980, Pág. 31
La Filatelia al Día
Por Danilo Mueses
La pasada semana les hablamos de las falsificaciones de sellos hechas para defraudar a los coleccionistas. Hoy les vamos a hablar de un tipo de sello falso que aun cuando hoy día no es muy común abundó mucho en el siglo pasado. Nos referimos a los falsos del correo cuya finalidad era defraudar al Estado.
Cuando las ideas de Rowland Hill se materializaron y se creó el sello postal adhesivo, la tarifa bajo verticalmente poniéndose al alcance de casi todo el pueblo. Había personas sin embargo que por todos los lados trataban de evadir el pago de los pocos centavos que costaba una carta y recurrían al recurso de lavar el matasellos.
Los gobiernos, conscientes de la situación, trataron de contrarrestar la maniobra y crearon tintas que prometían ser indelebles. El asunto sin embargo no paró ahí. Así por ejemplo Rusia y otros países emitieron sellos que tan pronto se meten en el agua prácticamente se descoloran. Hubo un país que emitió un sello formado por dos capas, las cuales tan pronto se meten en el agua se separan, lo cual impide cualquier intento de reúso.
En España el procedimiento para impedir el reúso de los sellos fue aún más radical, pues se utilizaba un matasello mecánico que prácticamente trituraba el sello sobre la carta. La protesta de los coleccionistas fue tal, que tal matasello fue descontinuado, siendo sustituido por una pincelada de una tinta color magenta totalmente imborrable. Tal matasello se conoce como “de pincelada’.
La práctica de lavar los matasellos era utilizada mayormente por los usuarios normales del correo. Hubo paralelamente personas que se dedicaron a falsificar sellos en grandes cantidades para defraudar al correo. En ese sentido, España fue uno de los países que tuvo mayor cantidad de falsos del Correo hasta un punto tal que, en 1876 hubo que encargar a la Bradbury, Wilkinson & Co. De Londres la impresión de los sellos españoles, pues no había forma de lograr producir localmente un sello que no fuera de inmediato falsificado.
En relación con la filatelia, cabe señalar que los falsos del correo no constituyen en modo alguna amenaza para los coleccionistas, los cuales, por el contrario, buscan con avidez piezas que hayan circulado por el correo con sellos falsos.
Falsificaciones dominicanas.
Numerosos sellos dominicanos han sido falsificados e incluyendo al famoso Jean de Sperati falsificó cinco de nuestros sellos.
Entre los sellos dominicanos más ampliamente falsificados están los llamados escudos larguitos emitidos en 1866 y 1876. En un estudio que hiciera hace unos años el coronel James W. Smith y publicado en The American Philatelist, este identifica, tan solo de esos escudos 19 falsificaciones diferentes. En mi colección de falsos de esa emisión tengo algunos que no están entre los 19 que lista el coronel Smith, lo cual indica que la del coronel dista mucho de ser exhaustiva.
Otra serie de la cual aparecen muchos falsos es la serie del mapita emitida en 1901. De estos sellos cuyo valor en catálogo para la serie completa es de $13.00, hay dos falsificaciones diferentes. Una de ellas denominada “Falsos de Genova” cubre los 10 valores mientras que la otra, hecha por Fournier solo abarca 4 de los 10 valores. Esta última está mejor hecha.
La razón de que estos sellos, con tan bajo valor de catálogo fueran falsificados fue porque el Gobierno ordenó a poco de haber sido emitidos, que los sellos fueran sacados de circulación. La orden sin embargo no pudo cumplirse en razón de que la serie sustituta, que había sido ordenada en Alemania, no había llegado. Los falsificadores al parecer no tuvieron esto en cuenta y pensando que la serie iba a escasear se dedicaron a falsificarla.
jueves, 1 de septiembre de 2011
El Túnel Del Tiempo: Costo de 36₵ por una carta en R.D.
Publicado en el periódico El Caribe, el 14 de junio 1980, Pág. 31
La Filatelia al Día #18
Por Danilo Mueses
En unos de los primeros artículos de esta columna señalábamos que antes de la reforma postal propuesta por Rowland Hill e implantada en Inglaterra en 1840 enviar una carta era tan costosa que estaba reservado a personas pudientes.
La esencia de la propuesta de Hill era que si se baja el costo del franqueo y se hacía uniforme sin importar las distancia, habría tantas personas que harían uso del correo, que bajarían considerablemente los costos por carta transportada y se daría un mejor servicio a la comunidad.
Durante más de un siglo el correo ha sido un servicio económico, al alcance de todos los bolsillos, aunque últimamente el público de muchos países se ha estado quejando del costo creciente del correo y del deterioro que ha experimentado la calidad del servicio.
En nuestro país, donde todos nos vivimos quejando del alto nivel de inflación y del costo de la vida, la tasa del correo se ha mantenido felizmente inalterada durante los últimos 17 años y, a pesar de que de tanto en tanto aparece alguna que otra queja podemos decir que en términos generales el servicio es bastante bueno. (recordar que esto fue escrito en 1980)
¿Sabían ustedes sin embargo que en 1961, durante 20 días el franqueo de una carta en la ciudad se elevó de 2 centavos a 8 centavos y para las cartas hacia el interior se elevó de 9 centavos a 36 centavos?
No sabemos positivamente cual fue el origen de esa alza tan desmedida en las tarifas, pero alguien nos contó que Trujillo conversaba con alguien sobre la forma de aumentar los ingresos fiscales que para esa época habían disminuido considerablemente como consecuencia de las sanciones económicas impuestas por la OEA en Costa Rica y por la recesión que azotaba al país. Trujillo dijo que una de las formas era cuadriplicar el costo de las cartas. Nadie se le ocurrió discutir la orden, y el 27 de enero se promulgo una ley multiplicando por cuatro las tarifas.
El aumento tuvo un efecto desastroso sobre el servicio de correos el cual se redujo prácticamente al transporte de la correspondencia oficial.
El arquitecto José Antonio Caro, en esa época secretario de Obras Públicas contaba la siguiente anécdota: Una anciana se presentó a la oficina de correos y dijo que quería enviar una carta hacia al interior. Cuando el empleado postal le dijo que eran 36 centavos, desistió de enviar la carta y se alejó murmurando entre dientes: ‘’aquí antes no se podía hablar: ahora no se puede ni escribir una carta’’.
Aunque nadie se atrevía a decir nada, en el famoso Foro Publico salió una carta donde alguien decía que no se explicaba por qué el público se escandaliza tanto porque hubiese subido la tarifa postal, hecho que sucedía en todos los países y citaba como ejemplo que en esos días los Estados Unidos había aumentado la tarifa interna. Lo que no señalaba el forista era que en los Estados Unidos habían subido la tarifa de 3 centavos a 4 centavos y aquí fue de 9 centavos a 36 centavos.
Frente al virtual boicot del público, la tarifa fue silenciosamente rebajada el 17 de febrero o sean 20 días después.
lunes, 17 de enero de 2011
El tunel del Tiempo: Origen de los Sellos.
Publicado en el Periódico El Caribe, el 23 de febrero del 1980, Pag 31
La Filatelia al Día.
Por Danilo Mueses
Hasta 1840 en Inglaterra (y hasta varios años después en muchísimos países) el que quería enviar una carta a alguien, la llevaba hasta la oficina de correos y allí debía pagar una tarifa en base a la distancia que debía transportarse la carta. Así por ejemplo una carta sencilla entregada dentro de un radio de 12 kilómetros debía pagar el equivalente a 8 centavos; para distancias entre 12 y 24 kilómetros, las cartas pagaban 10 centavos. De ahí en adelante aumentando 2 centavos cada vez hasta llegar a 25 centavos para una distancia de 480 kilómetros. De 480 kilómetros, en lo adelante la tarifa aumentaba a 2 centavos cada 160 kilómetros. Como resultado de esas tarifas, una carta enviada de Inglaterra a Australia podía costar alrededor de $3.25, un precio exhorbitante para esa época cuando esa suma equivalía al salario semanal de un obrero.
Como consecuencia de las altas tarifas, muchas personas optan por enviar sus cartas con porte a cobrar, o sea que la tarifa postal debía ser pagada por el destinatario. Esto producía en muchos casos, gran enojo ya que muchas veces sucedía que las personas recibían cartas tratando de cosas que no tenían importancia para quien recibía la carta o aún pidiendo dinero. Muchos se negaban a recibir las cartas y entonces el Servicio postal perdía dinero al manejar una carta sin recibir nada a cambio.
Para solucionar ambos problemas, el de las altas tarifas y el de las cartas que los destinatarios se negaban a aceptar, el ingles Rowland Hill propuso una reforma postal cuyos principios básicos eran:
1. Pago previo de la tarifa.
2. Tarifa uniforme no importando la distancia.
Su propuesta era tan revolucionaria para la época que muchos la consideraron disparatada, hasta el extremo de que el Maestre General de Postas, Lord Lichfield denunció el plan calificando como: “El mas extravagante de todos los esquemas visionarios y salvajes”
El plan sin embargo, felizmente siguió adelante y las ideas de Rowland Hill cristalizaron y puee afirmarse que Hill fue el verdadero padre del sello de correo.
