miércoles, 2 de julio de 2014

El túnel de la Filatelia: SOBRENOMBRES DE LOS SELLOS (Parte I)

La Filatelia al Día
21 De noviembre de 1981: No 92
Por Danilo A.Mueses

En dos de las columnas publicadas recientemente hablábamos del lenguaje filatélico y listamos una serie de abreviaturas, la mayor de las parte de las cuales vienen del inglés y que son de uso diario en las publicaciones filatélicas. La razón de esas abreviaturas, tal como señalábamos, es de origen económico y las implantaron los comerciantes quienes tratan de sacar el mayor beneficio posible del dinero que deben invertir en sus anuncios.

Hoy vamos a hablarles de otro aspecto del lenguaje  filatélico, ya no de los comerciantes sino de un lenguaje acuñado en las peñas filatélicas y que todo coleccionista que pretende participar  en ellas deben conocer. Nos referimos a los sobrenombres que reciben algunos sellos.

La forma universal para identificar un sello es el catálogo.

Cuando un coleccionista está interesado en comprar la serie emitida en nuestro país en 1901 mostrando un mapa de la isla, le pide al comerciante que le envíe la serie “Republica Dom. Scott  No. 111 / 119”. El comerciante abrirá su catálogo y verás qué sellos son y se los enviará al interesado.
En una peña filatélica, sin embargo. Los coleccionistas no pueden cuantas veces van a hablar de un sello,  estar buscando en el catálogo para saber de qué sello se habla y han inventado una serie de sobrenombres para designar a los sellos y series más conocidos.

Hay algunos de estos sobrenombres que han traspasado las fronteras nacionales y son universalmente conocidos mientras que otros son más bien de uso en el ambiente nacional, pero de todos modos dan sabor al coleccionismo de sellos.

Creemos que habrá pocos coleccionistas que no hayan oído hablar del “penny black" que es el nombre con que se designa el primer sello del mundo emitido en Inglaterra el 6 de mayo de 1840. El sello, como deberán haber deducido, debe su sobrenombre al hecho de ser de un penique y negro.

Otros sellos con un sobrenombre famoso son los “misioneros” de Hawái. Con ese nombre se designan los primeros sellos emitidos por Hawái y recibieron ese nombre porque la mayor parte de los ejemplares fueron hallados en correspondencia enviada por misioneros norteamericanos a sus familiares en los Estados Unidos.

Los filatelistas son a veces selectivos en sus nombres y los usan en algunos sellos y en otros ignoran. Tal es el caso de los primeros sellos de Mauricio. Hay un sello de 1 penique rojo y uno de 2 peniques azul. Del de 1 penique se conoce 14 ejemplares y del 2 penique 12 o sea que ambos son iguales y famosos. Sin embargo. Todo el mundo habla de “Mauricio Azul” ignorando en cambio el de 1 penique  al que nadie llama el “Mauricio Rojo”.

El hecho de ser famoso no le garantiza a ningún sello un sobrenombre. Tal es el caso de 1 color magenta de la Guayana Inglesa. A pesar de ser el sello más famoso de mundo, no lleva ningún sobrenombre.


miércoles, 18 de junio de 2014

El túnel del Tiempo de la Filatelia: FILATELIA O Filotelia

La Filatelia al Día
14 De noviembre de 1981:No. 91
Por Danilo A. Mueses

El 23 de febrero de 1922, la Real Academia de la Lengua Española dio cobijo a la palabra “Filatelia” la cual definió como el “Arte que trata del conocimiento de los sellos, principalmente de los correos”.
Aunque la definición no es muy ortodoxa desde el punto de vista filatélico, ya ha tomado carta de legitimidad y cada quien colecciona según le parece sin importarle mucho la definición de la Academia.

Aunque el coleccionismo de sellos se había iniciado prácticamente con la emisión del primer sello pues se dice que el doctor Gray, curador del Museo Británico, en 1841 guardaba sellos de su país para una colección que pensaba iniciar, durante muchos años no hubo ninguna palabra para designar la ficción o a aquel que se dedicaba al coleccionismo de sellos.

Así vemos que durante muchos años a los coleccionistas de sellos se les designaba con diferentes nombres. Muchos se auto designaban como “timbrófilos”, pero otros nos designaban peyorativamente como “sellomaníacos “palabras  que hay que reconocer no nos hacía mucho favor.
Fue entonces cuando, en 1864 un famoso coleccionista francés llamado M.C. Herpin en un artículo que publicaba en la revista “Le Collectioneur  de Timbres Postes” el 15 de noviembre de 1864, propuso el nombre de “Filatelia” la cual viene etimológicamente del griego “Philos”, amigo y “ateleia”, excepción de tasa.

Como vemos, la etimología no puede ser más forzada y yo diría que hasta ilógica, pero de todos modos la palabra “pegó” y a pesar de los ataques que recibió de algunos puristas, su uso se hizo cada vez más universal y hoy en día está aceptada prácticamente en todo el mundo aunque tal vez por aquello de que “nadie es profeta en su tierra” en Francia, la cuna de la palabra, no se ha aceptado la palabra de Mr. Herpin y se le sigue llamando “timbrología”.

Ahora bien, volviendo a la palabra filatelia, durante muchos años hubo una corriente de coleccionistas de sellos que se inclinaban más bien por la palabra “filotelia” pues pensaba que, de “Philos” debió salir "filotelia" y  no filatelia, y nos luce que no andaban del todo descabellado.

El gran filatelista norteamericano Ernest A. Kehr en su libro "El Apasionante Mundo de la Filatelia", relata que a comienzos de 1946, el director de promoción de ventas de la R.K.O. Radio Pictures, León  J. Bamberger, coleccionista muy conocido, recibió una carta de N.S. Iliadis, de Atenas en la que especificaba el verdadero origen y significado de la palabra filatelia. El señor Iliadis hacia saber que filatelista debe ser de origen griego, de las palabras: "Philos": amigo y “telos”: sello siendo por tanto el significado de filotelia; “amigo de los sellos”.


Creemos que el amigo Iliadis estaba más compenetrado con las raíces griegas que Herpin, pero debemos reconocer que lo que no pudieron hacer los detractores originales de la palabra filatelia, no lo vamos a poder hacer nosotros, así que ilógica o no, la palabra filatelia llegó para quedarse.

miércoles, 11 de junio de 2014

El Túnel del tiempo de la Filatelia: LA GOMA EN LOS SELLOS (parte III)

La Filatelia al Día
7 De noviembre de 1981: No 90
Por Danilo A. Mueses

Hay un principio elemental de economía a que dice que tan pronto surge una demanda por un bien o servicio, aparece alguien dispuesto a suministrarlo.

Tal ha sido el caso de la goma. Durante casi todo el pasado siglo no había mucha gente interesada en los sellos nuevos pues la mayoría de las coleccionistas preferían coleccionar los sellos usados. Los pocos que coleccionaban los sellos nuevos los pegaban con bisagras los cuales al ser removidas dejaban sobre el sello un pedazo de ellas. Así, al ir pasando un sello nuevo de mano en mano iba acumulando restos de bisagras y hoy día es posible encontrar sellos nuevos del siglo pasado con 5 ó 6 pedazos de bisagras adheridos en su reverso.

El caso es que si tratamos de remover las bisagras se va la goma. Si usamos un levantador de sellos (stamp lift) ya sea de vapor o uno de esos líquidos  removedores que han aparecido recientemente en el mercado, aunque la goma queda, salta a la vista que no está en su estado original y los puristas de hoy en día exigen que este en excelente condiciones.

Ahí es donde entra en acción el re-engomador. Comienza lavando totalmente el sello y luego usando técnicas avanzadísimas le re-engoma de nuevo dejándole con una apariencia tal que no es fácil reconocer el trabajo que sobre él se ha realizado.

Aunque el re-engomado de sellos es ilegal en los Estados Unidos (no estamos insinuando que allí  no se haga), en Europa es totalmente legal y los mejores en el ramo no dan abasto para cumplir las órdenes de cada clientela cada vez más amplia constituida por comerciantes inescrupulosos quienes a su vez deben suplir la demanda de un grupo creciente de coleccionistas que tontamente exigen una mercancía que muchas veces no existe.

Muchos de los más calificados filatelistas de E.U. y Europa han insistido en que es una tontería pagar, digamos, $ 1.000 por un sello que en su apariencia externa es exactamente igual a otro que vale $ 500 y difiere únicamente del primero en que aquel tiene su goma original sin señales den bisagras.
Y es que, volviendo a insistir en algo que ya apuntamos, los sellos son para mirarlos por el anverso.


La Philayelic  Foundation  y el Comité de Expertos de la American Philatelic Society han adoptado como política no experimentar gomas, pues no es fácil aún para un experto determinar si un sello tiene su goma original o ha sido re-engomado. La industria del re-engomado sin embargo seguirá próspera mientras haya tontos que estén dispuestos a pagar sobreprecios por “goma original”  y no es fácil que el mercado de tontos se agote pues ya decía T. Baum el ejecutivo del circo Ringling Brothers : “Cada día nace un tonto”.

jueves, 22 de mayo de 2014

El tunel del tiempo de la Filatelia: LA GOMA EN LOS SELLOS (Parte II)

La Filatelia al Día
31 De Octubre de 1981.No:89
Por Danilo A.Mueses


La filatelia se ha visto inválida últimamente por un afán de goma tal, que nos hemos convertido en “filogomatélicos”.  Así por ejemplo, vemos que en los avisos de compra de sellos nuevos se exige que, además de tener la goma original, estén NH o sea “never hinged “lo cual significa que nunca se le haya colocado bisagra o charnela. El afán ha llegado hasta un grado tal que a un amigo nuestro le devolvieron un grupo de sellos que había enviado en canje porque al manipularlos había impresas en la goma sus huellas digitales.

El problema de la goma se hace más grave aún en los países tropicales como el nuestro, donde la humedad se mantiene en general por encima de un 80%. Con las tirillas plásticas se ha revuelto gran parte del problema, especialmente al evitar que los sellos se peguen pero queda todavía en pie, el problema del resquebrajamiento de la goma y el de los hongos.
Señalábamos el asunto de la tira plástica como una solución al problema pero la verdad es que no todos los coleccionistas pueden incurrir en el gasto que representaba el filatelista norteamericano  Apfelbaum que no creía justificado montar sellos que a veces no valían cinco centavos en una tira plástica que costaba dos centavos.

Frente a estos hechos se han propuesto varias fórmulas.  Sin hacer nuestra ninguna de ellas, vamos a señalar algunas.

La revista “El Filatelista Guayaquileño" sugiere que los gobiernos emitan un porcentaje de sellos en cada emisión sin goma, los cuales estarían a disposición  de los coleccionistas que así lo deseen. Esta sugerencia fue acogida hace algunos años por el gobierno de Brasil (que fue el primer país en emitir sellos con goma) al comenzar  a emitir sus sellos sin goma.

Este criterio es en cierto modo compartido por la revista “Brasil Filatélico” la cual opina que el sello sin usar pero sin su goma tiene el mismo valor que uno con su goma ya que lo que se colecciona es el sello y no la goma, y que además, la goma se le pone al sello como algo accesorio que va a llenar una función eminentemente práctica (adherir el sello a la correspondencia) en contraposición del coleccionismo que es algo eminentemente subjetivo. Por ello sugiere lavar los sellos.
El filatelista y autor argentino Ricardo Jorge Leiva propone en cambio lo que él llama “fórmula de transacción “.

Según Leiva, a los sellos con su goma original y sin usar podría asignársele por este hecho un pequeño sobre valor, un “Premium”, algo similar al sobreprecio que se asigna actualmente a los ejemplares bien centrados y en óptimas condiciones, en relación con los sellos normales.

miércoles, 23 de abril de 2014

Los Coleccionistas del Futuro

¿Quiénes integrarán la generación de relevo dentro del coleccionismo de sellos? Durante muchos años se asumió que serían los jóvenes. Infinidad de niños coleccionaban sellos y aunque al llegar a la edad adulta únicamente un pequeño porcentaje persistía, eran tantos que los que quedaban eran suficientes para mantener vigoroso el coleccionismo.
En los últimos decenios los tiempos han cambiado y los niños tienen otras inquietudes y otros intereses. Primero la televisión, luego los juegos electrónicos y finalmente el Internet han transformado la forma en que nuestros niños usan su tiempo libre y el coleccionismo de sellos no es una de ellas.
Muchas sociedades filatélicas han percibido los cambios y el reclutamiento de niños se ha considerado una causa perdida. De ahí que hayamos recibido con sorpresa, pero con agrado, que la American Philatelic Society ha iniciado un programa piloto para llevar la filatelia a las escuelas.
El programa, denominado Stamps Teach fue creado por un equipo del Museo Postal Nacional y de la APS. El proyecto fue planeado y concebido en menos de cinco años y está siendo manejado por el Departamento de Educación de la APS. Este es el segundo de los programas y envuelve 323 profesores en 29 estados. Dentro del programa, 10,000 niños recibirán materiales del Stamps Teach y 3,300 de ellos serán evaluados por sus maestros.
A través del programa, 140 niños se registraron en el APS Young Stamp Club of America (YSCA) y en la actualidad 99 de los 325 miembros del YSCA son del Stamp Teach.
Todo parece indicar que el programa será exitoso pues el 75% de los niños desean más sellos y el 87%  de los niños respondieron que les “gustaba coleccionar cosas.”
En estos momentos, es difícil saber cuales serán los efectos a largo plazo del programa. El éxito dependerá en gran medida de que se logre mantener el programa el cual demandará recursos y trabajo voluntario del equipo a su cargo. Si la cosecha dará frutos solo se sabrá al cabo de algunos años. El pez pone 10,000 huevos para que sobrevivan unos cuantos.

martes, 18 de marzo de 2014

Poste Restante

Aquellos que han tenido la oportunidad de ver cubiertas circuladas con sellos de la emisión Parisot notarán que la mayoría de ellas están dirigidas a H. K. Parisot, o a Mme. L. Ritter, y en ambas se indica como dirección Poste Restante, París.
En el Art. 50º de la Convención de la Unión Postal Universal se indica que “las cartas dirigidas a poste restante pueden estar sujetas por las Administraciones de los Países de destino a un porte especial, si hay alguno, indicado por la legislación para cartas del mismo tipo en su servicio interno.”
Y en el Art. 59 se indica que “el período de retención para la correspondencia retenida a la disposición del destinatario o dirigida a poste restante se fijará por las regulaciones del país de destino.”
Y finalmente, en el Art. 125 de las Regulaciones se indica que “la dirección de las cartas enviadas vía poste restante mostrarán el nombre del destinatario. El uso de iniciales, números, únicamente apodos, nombres ficticios o marcas convencionales de cualquier clase no está permitida para este tipo de cartas.”

El servicio que se presta al público mediante el poste restante hoy día no está claro para la mayoría de las personas. La expresión francesa poste restante (en español “lista de correos”) designa un servicio prestado por el correo, mediante el cual se puede dar como dirección, para recibir correspondencia, la de una oficina de correos. Las cartas son recibidas y retenidas en esta oficina, hasta que el destinatario las retire ahí personalmente, abonando una tarifa que se establece para este servicio. La correspondencia despachada mediante este servicio debe especificar claramente en el sobre, según vimos en las cubiertas con los Parisot, además del nombre del destinatario y la ciudad el término  "poste restante".


Aunque hoy día muy pocas personas usan el sistema, hasta las primera décadas del siglo pasado muchas personas que estaban de visita en un lugar y no disponían de una dirección estable indicaban a sus relacionados y amigos que le escribieran a poste restante. En épocas más puritanas que las actuales, los jóvenes que ordenaban libros que sabían escandalizarían a sus padres, pedían que se los enviaran a poste restante.


En la segunda década del pasado siglo, París era la Meca de muchos argentinos. Ejemplo de una carta enviada a “poste restante” en París.